De lectores

Monterrey, la ciudad que se queda sin alma

Por Gerardo Malo*

¿Qué es el alma? La definición concreta identifica el alma como una entidad abstracta e inmaterial que constituye la esencia más profunda de una persona. Hasta ahí todo es muy sencillo de entender. Sin embargo, ¿cómo definiríamos el alma de una ciudad si quisiéramos hacerlo?

Para responder la pregunta habría que partir del entendido que considera el alma humana (para aquellos que creen en ella) el núcleo mismo de las personas. Bajo esa premisa es más sencillo ubicar el espíritu de una ciudad, al identificarle en las cosas sin las que una metrópoli no podría existir.

Estos elementos son su geografía y características físicas, además de los valores y costumbres de sus habitantes. Están también sus monumentos, su historia y sus lugares notables, y por supuesto las instituciones que la hacen funcionar todos los días.

Cuando alguno de estos elementos se pierde, las ciudades irremediablemente empiezan a “quedarse sin alma”, o bien en términos más laicos, empiezan a conducirse inevitablemente hacia el fracaso.

Nuevo León ha perdido poco a poco su geografía, hemos destruido pedazos de espacios tan icónicos como el Cerro de la Silla, la Sierra Madre, el Cerro del Obispado y el Parque Fundidora. Respecto a los valores de su gente, el regiomontano creció con una cultura de tenacidad, esfuerzo e inteligencia, la cual nos permitió transformar una villa olvidada por la corona española, en la segunda ciudad más importante del país.

Sin embargo pareciera que esos valores se han perdido poco a poco, pasamos de enfrentarnos al clima agreste del norte y lograr florecer en medio del mismo, a pensar que es un desgaste excesivo ir a una manifestación o exigir cuentas a nuestros funcionarios. Pasamos de gestionar de manera brillante los pocos recursos que teníamos, a estar en medio de una crisis en ciernes por falta de agua y aire limpio. Pareciera que la tenacidad e inteligencia que nos caracterizaban se han quedado dormidos con el pasar de los siglos.

Están también las instituciones que hacen funcionar la ciudad, las cuales pasaron de ser fuerzas administrativas impulsoras de cambio, a una camarilla de corruptelas y cinismo ilimitado. El congreso secuestrado desde hace décadas por fuerzas que solo velan por sus intereses, los municipios funcionando como cajas chicas para la elección siguiente, y el ejecutivo del estado haciendo las veces de una empresa pagadora de favores económicos y políticos, y un club de incompetencia y peculado sistematizado.

También nos estamos quedando sin historia. Nuestro pasado de desarrollo empresarial que tanto maravilló al país, hoy en día se trasformó en un grupo de empresas que nunca admiten su participación en la contaminación de la ciudad, y que muchas de ellas buscan siempre la manera para pagar menos a sus trabajadores y explotarlos más.

Si nos quedamos sin nuestra belleza natural, nuestros valores, nuestras instituciones y nuestra historia, ¿qué nos queda? Hoy Monterrey es una ciudad sucia, con mala infraestructura, llena de corrupción y con habitantes que poco o nada hacen al respecto. Hoy nuestra metrópoli está a nada de quedarse sin alma y eso para un asentamiento humano es invariablemente un espiral hacia la destrucción.

¿Hay solución? ¡Por supuesto que la hay! ¿Hay voluntad para solucionarlo? De eso no estoy tan seguro, la respuesta está en cada uno de ustedes. ¿Tienes la voluntad?

*Politólogo por la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), asesor legislativo en el Congreso del estado y activista ambiental. https://www.facebook.com/Gerardo-Malo-123683936546787

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