Proteger al mundo del covid

A inicios de 2020, a medida que el virus avanzaba sobre la faz de la tierra, todos augurábamos el surgimiento de un humanismo renovado. Una nueva conciencia -lúcida y esclarecida- despuntaría en el horizonte. Nada de eso ha ocurrido. Y la concentración de las vacunas en manos de los países más ricos es una muestra de ello

Por Guillermo Rothschuh Villanueva*

Foto: Luis Barrón

Desde que se supo hace más de un año que el covid-19 era un virus implacable que no reconocía fronteras, pelo, color ni tamaño, cuyos estragos causarían millones de muertes y que no había ningún antídoto que oponer, las expresiones de solidaridad humana asomaron por doquier. En la medida en que el virus avanzaba sobre la faz de la tierra, todos augurábamos el surgimiento de un humanismo renovado. Se crearían cadenas de solidaridad por todo el planeta. Estando de por medio el destino de la humanidad, se esperaba que las expresiones de egoísmo serían enterradas y desaparecerían. Cada uno de nosotros haría suyo el sufrimiento del otro. Una nueva conciencia -lúcida y esclarecida-despuntaría en el horizonte. Las barreras que impiden la creación de un nuevo ser, dispuesto a dar lo mejor de sí, serían barridas. Nada de eso ha ocurrido.

Voces sensatas, ganadoras del Premio Nobel de Economía, claman hoy por medidas que contribuyan a eliminar la crisis sanitaria que abate al planeta. Esas que surgen cada cierto tiempo interpelando a mandatarios y dirigentes institucionales. Las peticiones son hechas por académicos y expertos pertenecientes a la Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa Internacional y miembros de la Comisión sobre la Transformación Económica Mundial del Instituto de Nuevo Pensamiento Económico. Con autoridad suficiente y sobrado liderazgo hacen suyo un tema lacerante. Joseph E. Stiglitz y Michael Spence, distinguidos con el galardón de la academia sueca, más Jayati Ghosh, Rob Johnson, Rohinton Medhora y Dani Rodrik, etc., encabezan el llamado a los gobernantes del primer mundo y organizaciones financieras internacionales.

En sintonía con el momento crítico que atraviesa la humanidad piden con urgencia hacer frente a un virus en mutación. Sus llamados son justificados. Dado los rezagos de los países empobrecidos en el proceso de vacunación, lanzan una exhortación pidiendo sean atendidos a la brevedad. No hacerlo sería incurrir en una insensatez. El virus podría renovar su estela de muertes y contagios por todas partes. Exponen a “la dirigencia política en los países desarrollados […] comprender que nadie estará a salvo mientras no lo estén todos, y que la salud de la economía global depende de que haya una fuerte recuperación en todas partes”. Proteger la salud para evitar que sus economías no vuelvan a tropezar. El objetivo pasa invariablemente por una mejoría sensible en la situación sanitaria que enfrentan las naciones empobrecidas. Algo indiferible e inaplazable. Sería lo justo.

II

Los más convencidos para proceder en armonía con estos lineamientos deberían ser los entusiastas de la globalización. La expansión geométrica de la pandemia mostró lo frágiles que resultaban las fronteras para contener la propagación del virus. Los efectos adversos sobre sus economías, les obligó a tomar medidas extremas ajustándose a las recomendaciones de epidemiólogos y salubristas. Trataban de evitar que aumentasen muertes y contagios. Las auto-restricciones impactaron de forma negativa en sus hábitos y costumbres, hubo reacciones encontradas. Algunos dirigentes no eran partidarios del aislamiento absoluto. Transcurrido un año de la pandemia, muchos países continúan con centenares de muertos y/o contagiados. Brasil es un caso dramático. Mientras las condiciones persistan a lo largo del planeta, ningún país estará libre de contagio.

El presidente Jose Biden anunció que festejará el próximo 4 de julio libre de covid-19 en su país. Escogió el día de la Independencia de Estados Unidos por su significado alegórico. Todos se aprestan a celebrar, durante más de un año el virus se ensañó con su ciudadanía. Pero para los miembros de la Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa Internacional y de la Comisión sobre Transformación Económica Mundial del Instituto de Nuevo Pensamiento Económico, ¡eso no basta! Mientras los países empobrecidos sigan soportando los estragos de la pandemia, ¡nadie estará a salvo! Ni siquiera Estados Unidos. Los expertos gustan decir que los problemas que abaten al mundo -cambio climático, lavado de dinero, narcotráfico internacional, etc.- poseen alcance global. La pandemia lo tiene, esto implica que debería haber una visión global.

Era apremiante interceder a favor de nuestros pueblos, ante gobernantes y los organismos financieros. Se trata de abatir el virus. Con recursos económicos suficientes y con una infraestructura sanitaria de primera, los países ricos han tenido que lidiar a contracorriente, viven una angustia permanente. ¿Cómo estaremos nosotros que carecemos de estos recursos? Al asumir su mandato, los voceros de Biden aseguraron que una vez garantizada la vacuna de los suyos procurarían hacerlo en el resto del mundo. El momento llegó. La petición de los académicos está en armonía con la superación de la crisis sanitaria que sufrían los estadounidenses. Sus indicaciones son para que no haya mayores problemas en el funcionamiento de las economías de los países primer mundistas. La mutación y persistencia del virus en Europa y Latinoamérica resultaría perjudicial.

III

En su llamado para que gobernantes y dirigentes de las organizaciones financieras internacionales procedan, uno de sus argumentos está ligado con los derechos de propiedad intelectual. Aunque se muestran partidarios de revisar a fondo estos derechos, por ahora abogan por una suspensión temporal. La temporalidad deberá estar en consonancia con los “productos necesarios para el combate a la covid-19 o la creación de fondos comunes de patentes para su uso compartido (pooling)”. Una decisión beneficiosa para todos los actores del drama. Con relación a la propiedad intelectual, empresas farmacéuticas han cometido injusticias. Debido a su significado e implicaciones estos derechos deben reformularse al más breve plazo. No hay más tiempo que esperar. Debería hacerse aun contra la voluntad de las farmacéuticas. Ojalá se decidan.

Basta recordar lo ocurrido con la Ayahuasca, una bebida tradicional con propiedades medicinales tomada por los pueblos indígenas de Bolivia, Ecuador, Brasil, Colombia y Perú. La hierba fue patentada por compañías farmacéuticas. Internacional Plant Medicine Corporation originó una enorme polémica. Cabe preguntarnos, ¿por qué los pueblos indígenas tienen que pagar grandes sumas por unas hierbas que históricamente han usado de manera recurrente? ¿A cuenta de qué hacerlo? Si académicos y gobernantes de los países empobrecidos no toman providencias, continuarán acaparando productos de uso común. Con el repunte del Sida-VIH, Sudáfrica pidió a las farmacéuticas liberaran algunos derechos de patentes. Eran conscientes que “el nuevo tratamiento puede ahorrar millones de euros y reducir en 616.000 el número de nuevas infecciones de aquí a 2028

La premura de los académicos es para que se produzca una distribución universal de las vacunas. Los retrasos que experimentan la inmensa mayoría de países empobrecidos —triste resulta repetirlo- se deben a muchísimas carencias. La ayuda serviría de bálsamo. Demandan protección al personal médico, así como ayuda sobre cualquier otro tratamiento indispensable para los países pobres. Como expertos saben muy bien que estos países no disponen de recursos suficientes. “… los países en desarrollo, en su mayoría, tienen grandes dificultades para obtener fondos que les permitan mantener los programas de apoyo vigentes, por no hablar de absorber los costos adicionales impuestos por la pandemia. Estados Unidos gastó alrededor del 25% de su PIB en medidas de apoyo a la economía (y consiguió así poner coto a la desaceleración), pero los países en desarrollo sólo han podido gastar un porcentaje mucho menor”. 

IV

Una de las tres recomendaciones o sugerencias ante los gobernantes y el FMI está orientada a aprovechar la influencia que este organismo ejerce sobre la política macroeconómica de algunos países, con problemas en la balanza de pagos. A partir de un análisis de Oxfam Internacional, se muestran críticos. Apuntan que “los programas de ayuda otorgados entre marzo y septiembre de 2020, 76 de los 91 préstamos negociados por el Fondo con 81 países demandaban recortes del gasto público que podrían trasladarse a deterioro de los sistemas sanitarios y previsionales, congelamiento de salarios de los empleados públicos (incluido el personal médico y docente) y reducción de los seguros de desempleo, de las licencias por enfermedad y de otras prestaciones sociales”. Una acción contraproducente. La austeridad no es recomendable, constituye un frenazo para la mejoría de nuestras condiciones de vida.

Ponen una vez más sobre la mesa la carga que supone el pago de la deuda, mucho más onerosa en estas circunstancias. Cada cierto tiempo se renueva el debate. Un desvío de fondos, en momentos en que estos recursos podrían utilizarse para contrarrestar la pandemia, sería grave. Los países pobres deben cuidar sus sistemas de salud. De forma contundente advierten al FMI, “que algunos deudores necesitan una reestructuración integral, en vez de los típicos parches que lo único que hacen es generar las condiciones para la próxima crisis”. Una exigencia inaplazable. Los diagnósticos del FMI sobre la recuperación económica mundial, como era de esperarse, confirman que a los países empobrecidos les irá mal. La situación amerita que estos “países puedan hacer valer los principios de fuerza mayor y necesidad”. Los países acreedores, por humanidad, deberían ofrecer respiro. 

Toda su requisitoria tiene un solo propósito: lo conveniente que sería para los países del primer mundo, lanzar salvavidas a países empobrecidos. Algo de lo que están convencidos dirigentes políticos y de las organizaciones financieras. Los académicos resaltan que sus propuestas protegen los intereses de los países del primer mundo, recalcando lo ventajoso que sería para ellos garantizar la salud de los países empobrecidos. “Las políticas que se describen aquí serían de gran ayuda para los países en desarrollo y costarían poco y nada a los países desarrollados. […] El interés propio bien entendido del mundo desarrollado exige hacer todo lo posible para ayudar a los países en desarrollo y emergentes, sobre todo cuando es tan fácil de hacer y beneficiaría a gran parte de la humanidad”. Estamos frente a una crisis que exige demostrar que el destino de la humanidad les importa. 

*Comunicólogo, escritor y académico nicaragüense doctor en Derecho. El presente artículo fue publicado el 18 de abril de 2021 en el periódico Confidencial y reproducido aquí con autorización del autor. https://www.confidencial.com.ni/opinion/proteger-el-mundo-del-covid-19/18 abril, 2021

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: