Sobrevivir al virus desde el basurero de Neza-Bordo

La pandemia también ha trastocado la rutina de los basureros, donde las restricciones ante el riesgo de contagio agudizan la penuria económica de quienes viven gracias a los desechos

Los motorrecolectores llegan al relleno sanitario Neza Bordo III escuchando música de cumbia bajo un sol que cae a plomo, mientras cientos de personas seleccionan la basura que está por doquier, separan los botes de plástico, los de lata y otros desechos que pueden vender para obtener un ingreso que les permita llevar comida a su casa y pagar la renta y servicios. 

Desde que inició, la pandemia por Covid-19 trastocó la rutina en el basurero de Neza Bordo Sección III. Los pepenadores cuentan que, al principio, aumentó la llegada de basura, luego disminuyó y después las autoridades los retiraron para minimizar el riesgo de contagio por el virus. Al regresar a su trabajo, los 500 trabajadores de la Unión de Recolectores de Basura y No Asalariados (URBYNA) que laboran en una hectárea de relleno sanitario, continúan luchando para conseguir el sustento y evitar enfermarse porque no sólo el nuevo virus es un peligro, sino tener que llegar a un hospital por alguna otra causa y contagiarse. 

La Alcaldía de Nezahualcóyotl registró más de 5.955 contagios confirmados y 381 fallecidos hasta este 27 de agosto; es la segunda alcaldía después de Ecatepec en casos registrados en el Estado de México.

Hay otras pandemias: una pareja que tiene 30 años trabajando en el tiradero cuenta que la crisis sanitaria dejó sin empleo a sus tres hijos, quienes ahora trabajan en el mismo lugar luego de que la empresa de eventos donde laboraban los despidió sin ninguna liquidación. Ellos alertan que trabajar en este sitio, en medio de la pandemia, no es tan peligroso como trasladarse en el transporte público, donde se registran numerosos asaltos que han dejado muertos y heridos y el robo de lo poco que ganan miles de personas en la zona. Esto les genera un miedo constante.

En la cima de una montaña de desechos se encuentra una anciana que se protege del sol con una gorra roja. Narra que toda su vida ha trabajado en este lugar, lo que le ha permitido mantener y pagar los estudios a sus hijos quienes, tras la pandemia, quedaron desempleados y ahora la ayudan a recolectar plásticos, cartón y otros productos para venderlos y conseguir dinero en el día a día.

En una soledad interminable, cientos de trabajadores a pleno sol no paran de cargar, seleccionar y cargar los camiones que les compran lo poco que rescatan del mar de basura. Los perros no faltan en este entorno, aquí son los guardianes del lugar y de la gente.

A veces, las familias que enfrentan la crisis sanitaria económica y social en el Neza-Bordo reciben donaciones de ropa, comida, despensas y otras cosas que les ayudan a sobrellevar su vida cotidiana, por lo que agradecen a las organizaciones y personas que las hacen visibles y los apoyan.  

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