Adiós, maestro Ibáñez

Homenaje póstumo a un grande del teatro en México

Por Morris Savariego*

FOTO: Especial

“Nos estamos quedando huérfanos”. Fue la frase que cundió en las redes sociales tras anunciarse el 4 de agosto pasado la muerte a los 87 años de José Luis Ibáñez, uno de los últimos grandes directores y maestros de una generación absolutamente deslumbrante conformada por teatristas como Héctor Mendoza, Julio Castillo, Juan José Gurrola, Ludwik Margules y Héctor Azar.
 
En un improvisado y emotivo homenaje vía Zoom, y en espera del que seguramente realizará la UNAM, nos reunimos recientemente algunos de los que fuimos sus discípulos, actores y actrices para leer algunos de sus textos favoritos y contar anécdotas entrañables y a veces jocosas acerca de este enorme maestro y creador escénico. Ahí estuvo, además de otros relevantes teatristas, Antonio Crestani, autor de José Luis Ibáñez: Memorias, libro publicado por la editorial El Milagro y Conaculta en 2008.
 
Alumno él mismo de la primera generación de la carrera de teatro de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, el maestro José Luis Ibáñez se convirtió hasta el final de su vida en profesor de tiempo completo y maestro emérito de la escuela de la cual egresó, además de colaborar con la cátedra Sor Juana Inés de la Cruz y coordinar la cátedra Juan Ruiz de Alarcón.
 
Siendo aún muy joven, fue memorable su participación en el ya legendario pero
vanguardista movimiento “Poesía en Voz Alta” (1956-1963) que revolucionó el teatro mexicano, aglutinando a personalidades tan relevantes como Octavio Paz, Héctor Mendoza, Juan José Arreola, Elena Garro, Leonora Carrington, Juan Soriano y Juan José Gurrola.
 
Paradójico hombre de teatro, dividió sus pasiones teatrales entre el teatro clásico, sobre todo del Siglo de Oro español, del cual era un reconocido experto y la Comedia Musical de la cual fue pionero en México.

FOTO: Especial

José Luis Ibáñez se movía con igual solvencia, seriedad y eficacia tanto en el mundo del teatro universitario como en el del teatro comercial. En ambos ámbitos realizó montajes memorables. En el teatro universitario se recuerdan sus puestas en escena de “La Celestina: tragicomedia de Calixto y Melibea” (1968) de Fernando de Rojas, “El burlador de Sevilla” (1987) de Tirso de Molina, “La verdad sospechosa” (1989) de Juan Ruiz de Alarcón, “La vida es sueño” (1994), de Calderón de la Barca o el “Divino Narciso” (1998), de Sor Juana Inés de la Cruz. En el ámbito del teatro comercial, tradujo y realizó musicales
norteamericanos en México como “Pippin” (1974), “Sugar” (1975), “Annie es un tiro” (1976), “Un gran final” (1988), “Mame” (1989), “La jaula de las locas” (1992) y “¿Qué tal, Dolly?” (1994-1996). También dirigió “El vestidor” (1983) en el Teatro de los Insurgentes.

Sus puestas en escena fueron estelarizadas por actores de probada fama nacional e internacional como Silvia Pinal, Julissa, Angélica María, Ignacio López Tarso y Héctor Bonilla, entre otros.
 
Sus colegas y alumnos extrañaremos la patriarcal presencia de este enorme creador y maestro en los pasillos y las aulas de la Facultad de Filosofía y Letras.

El teatro mexicano pierde a uno de sus mayores exponentes.


*Director teatral y docente mexicano. Email: morriselmo49@yahoo.com.mx
FB: Morris Savariego

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