Diario poético

El miedo y el encierro pueden, también, alimentar el alma de palabras, imágenes y colores como esta conjunción de finos versos y sutiles pinturas

Por Sofía Rodríguez*

Día 3

Navegamos por la sangre
río de sombras,
de tu mano el agua viene
en alas de mariposa blanca
que vuela a un lado del precipicio,
la mejor experiencia
siempre será el misterio.

Nuestros ojos duermen.

Día 5

Equinoccio,
el día igual que la noche
el fuego igual que el hielo
la valentía igual que el miedo
el susurro igual que el grito.
Llegué
tímida
como la nieve que helada se precipita
al sin sentido de la vida.

Día 8

La sombra me dará su mano,
y por qué no seguirla en éste
laberinto de coros que aúllan
desde los estertores de lo creado
y por qué
no
vaciarme de esta ruina
convocada
desde las inmensas habitaciones del miedo.
Oscuridad había,
y tanta.

Día 11

Deslizarse
es lo mejor de todo.
Deslizar la tinta por el papel
el pincel por la lengua
escabullirse por una puerta entreabierta,
arrastrar los pies por el barro
mientras los rayos se deslizan a través de la noche.
Soñar para escapar del dolor
observar al infinito deslizarse
fuera del tiempo
como beber lágrimas que resbalan por la cara,
como la sangre que fluye de una herida
como el último suspiro
que se desliza fuera de la vida.

Día 13

La vida es un oráculo cifrado
donde somos pétalos
que el viento esparce por el suelo.
Un tapete de flores a mis pies
la fuerza de la belleza
sin titubeos o disculpas
sin esconderse para sobrevivir
sin justificar su existencia
sin pedir permiso.
Miro a la que soy
avanzar
con el vértigo de mirar hacia arriba.
Uno de mis refugios más amados
es de color lavanda,
como los primeros días de la primavera.


Día 17

Lo que me queda
más allá de esta hora
no es mucho, pero
es todo.
Lo que desconozco
lo que no puedo nombrar
lo que me pierde
de este sueño
en el que ya estoy perdida,
lo que aun entonces me rescata
en ardiente lucidez trágica
o suicida. Me refugio
a un costado de esta noche del alma
colectiva,
pero parece que siempre
he estado ahí
esperando develar el misterio.
Se desgarra el papel
con el que el silencio me envolvió dos veces
y de pronto no hay más,
todas las puertas
son para salir.
Observo mi jardín. En el fondo
de todo
seguramente habrá un jardín**

Día 18

Qué fácil aceptamos un sistema que asesina
como acto de creación
Cuando se conquista todo lo que puede ser conquistado,
la serpiente se muerde la cola.
El mundo huye,
se va por una grieta.
Un resplandor de mandrágora
se lleva al presente imaginado,
se disuelven las fronteras
de la realidad
ninguna historia, o nombre
ningún mensaje aún legible
queda,
todo se disipa en una sombra de agua
parecida a la nostalgia.
Colgada del nudo de los sentidos
mis pies se despegan del suelo.
Agito los brazos
largos
ansiosos
ciegos,
fervorosos como dos redes de pesca lanzadas
a la espera.
Este es el momento,
si le aúllas a la luna
siempre vas a aullar bien.

Día 19

Se canceló la entrada al paraíso
y es mejor no ver las raspaduras,
mejor no ver detrás de los escombros
porque el valor necesario para hacerlo
no es indispensable ahora.
Es cruel la temporada, sin duda.
He perdido el equilibrio
reconozco que resultó frágil,
cuando al punto cambia como veleta al viento
y el vértigo no viene con manual de instrucciones.
No nos queda sino rodar
y esperar partir en dos lo indivisible.
Rodar en las arenas de la memoria
para olvidar lo que soltamos o cae de nuestros bolsillos.
Rodar para aceptar que no hay atrás ni adelante
hola o adiós
arriba o abajo.
Sólo rodar magistralmente.

Día 21

Caminamos juntos por esta historia
de bordes arrugados,
jornadas que ahora lavo
con el trapito gris
de las emergencias médicas,
y las despedidas.
Escucho voces llamarme
desde lo profundo de las aguas.
¿A dónde vamos?
Abrazos no dados.
Abrazos no recibidos.
Abrazos sin fin donde me deslizaba
hasta invertir las leyes de la física.
Todo parece cincelado en la maquinaria de los sentidos.
Devoramos todo
y todo nos devora.
Somos pasto fértil
de la eternidad.

Día 23

Ahora que el primer círculo del infierno
se amplía o se reduce,
descendemos calladas
ciertas interminables escaleras.
Lo escrito en los pizarrones está siendo borrado.
La otra orilla,
el plan B
el libro de aire que nuestra memoria sostiene,
la vieja película que da vueltas
en la cinta transportadora de nuestro cerebro,
todo se está borrando.
Fue necesario el ocio de aquellas largas noches
para acercar los sueños desde el incontenible amanecer.
El viaje es, ahora
hacia la bóveda celeste de la sangre.
La brújula interna habla
desde la crisálida que somos,
cambió el mundo
de nacido a por nacer.
Ya no hay entretenimiento que nos distraiga de nosotras,
estas somos,
la obra de teatro terminó,
los nuevos parlamentos están
escritos en los ecos del follaje,
en la plegaria que el danzar
siempre ha sido.
Respiramos el verde musgo de la piedra
para encontrar
lo que reposa encendido bajo la gran
ceniza de la tierra.
Dejamos de temer a la muerte
dejamos de ser hijas del miedo
nadie regresará por esas huellas.

Día 24

Hace mucho que habito en el reflejo de un estanque.
¿Y hacia dónde volver si todos los caminos me devuelven aquí?
Voy sin resistir
dibujando la vida con un lápiz
coloreando las esquinas desteñidas.
Que pierdo el tiempo
que no respondo.
Ahogada por banalidades,
¿Cómo anotar un dolor?
Revoloteo con pies descalzos entre día y crepúsculo,
las respuestas aparecen primero que las preguntas,
mis manos se pierden
en hojas húmedas de oscuridad que gotean
rocío.
Ligera
me conformo,
temblando,
siento cómo la noche se marchita.
Cuando el último deseo es sólo existir,
vivo ardiendo.
Brilla fuego en la oscuridad.

Día 32

Aprendí a leer frente a una lápida,
nunca imaginé que llegaría el momento
en que lo recordaría,
los grandes vértigos del alma
nacen del otro lado de las piedras.
Me hincaba frente a cada tumba
con todo el recogimiento y la devoción
necesarias
para enfrentar los mensajes indescifrables
y la muerte.
Creo que desde entonces intuía
que un misterio te conduce a todos.


Día 36

Asomada a mi vida,
me escribo cartas.
Debo haber extraviado el domicilio
o me fui a vivir a otra parte
porque de la calle sólo llega vértigo,
vestido de otra forma
pero siempre el vértigo.
El destructor, invisible
como antes
bíblico como antes
peste que nos impide salir,
letal
como morir en tu propia casa
igual que antes.
Vestidas estamos de creciente noche
acurrucadas
en la ternura de este empeño por vivir,
perdidas entre el follaje, luto
de otro cielo que antaño
entreabría los días.
La diferencia está en las manos,
el destructor tiene el deseo absurdo
de lavarse con frecuencia
las manos.

Día 47

No hemos parado de caminar
sin cambiar del mismo sitio,
hemos apretado bien los dientes
hemos cargado el corazón de un lado a otro
y mantenido ligeras las alas, por si acaso
pero el mismo corazón cambia de peso
y hay vueltas que suspiran más que otras.
Quedamos atrapados en el mismo libro
su lectura repetida
nos consume,
demasiado dolor
demasiado infierno
nos ha infiernado
y ahora que su contenido se reboza
no podemos exportarlo hacia otro lado.
Quizás ya estamos muertos sin saberlo.
¿Podremos volver a nacer?
Volver a nacer es también
volver a morir en otro lado.

*Sofía Rodríguez Fernández, antropóloga social mexicana, poeta y pintora (Ciudad de México). Poesía y pintura se reúnen en su trabajo en una especie de viajes paralelos con sitios de conexión. https://www.facebook.com/Aorana/     aorana@yahoo.com  https://www.instagram.com/sofivolart/

**Olga Orozco.

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