31 días para posponer

La cuarentena avanza, las ideas se fragmentan y cambian. Los días se van rápido, pero sin ninguna urgencia. Este diario busca entender el paso de los días.

Por Lara Ovídio*

Cortesía Lara Ovídio

Ahí viene el virus, que no está interesado
en pasarnos ningún mensaje, apenas cuida de su vida.
Eliane Brum

17.03.2020 | día 3

Los días se han extendido por la cuarentena. Desde hace algunos meses pospongo la escritura. No por falta de qué escribir, sino porque siempre he sido una persona de aplazamientos. Hoy, después de un día caluroso, el sol se fue. El final de la tarde estuvo tan suave que por algunos segundos pude olvidarme los dramas de la pandemia. Me encanta la vista desde mi ventana. Hay como una pequeña montaña al fondo y cerca de mí, un árbol gigante. En estos días de confinamiento, he pasado mucho tiempo aquí. Son mis conexiones con el mundo real: la ventana, la comida y el sexo. He escrito cualquier cosa en la mañana. Por la tarde, he retrasado planes y planes porque nadie sabe lo que será. Yo tampoco. Me cuesta mucho seguir cualquier cosa. Todos los planes que se basan en el mundo que he conocido hasta hoy me parecen falsos. Mientras intento concentrarme en cualquier cosa, no cesan de llegarme mensajes. Son miles de informaciones que parecen imprescindibles a los que quieran sobrevivir. Sólo hoy aprendí cuánto tiempo puede vivir el coronavirus en una bolsa de plástico, cómo el virus reacciona al calor y a la humedad, cómo aislar un enfermo en la casa y etc. Este año ha sido intenso. Ahora vivo una cuarentena como jamás podría imaginar que acontecería. Aprendí que mucho de la vida tiene que ver con la idea de vivir lo que nunca se nos ocurrió vivir. Estamos en marzo, y mucho de lo que sucedió en estos 78 días que he vivido en 2020, nunca se había presentado en mi imaginación.

19.03.2020 | día 5

Decidí restringir mi aislamiento.

21.03.2020 | día 6

Existen chicharras en la vecindad, pero solamente hoy ellas empezaron a existir para mí. Yo siempre espero por el otoño por los caquis y aguacates. El otoño llegó ayer y nadie se acordó de eso. Yo tampoco. Ya no es posible pensar en otra cosa. Mi día se fue rápidamente entre artículos sobre el tiempo de permanencia del virus en superficies variadas y productos de limpieza realmente eficaces para acabar con la envoltura de grasa del coronavirus. Envoltura es una palabra buenísima que casi nunca he podido usar. Conocimientos científicos que nunca me interesaron de pronto se vuelven una posibilidad de supervivencia. Las urgencias se reconfiguran y los tiempos también. Lo mejor de estos días es poder perderse en las horas.

22.03.2020 | día 7

Recién me doy cuenta de que hoy no es ayer. Ya no sabría decir si los días han pasado demasiado rápido o si se hicieron tan uniformes que me confundojuntándolos todos en una sola cosa. Siempre pensé que la rutina fuera la principal responsable por la uniformización de los días. Sin embargo, es exactamente cuando mi rutina se deshace que todo se presenta todavía más igual.

23.03.2020 | día 8

Nuevos gestos

  1. Abrir la puerta con el pie
  2. Aplastarse en contra de la pared para no tocar nada más que la propia pared
  3. Abrir puertas con manija redonda con el antebrazo
  4. Abrir puertas con manija de palanca con el codo
  5. Toser en el doblez del brazo
  6. Abrir el grifo con la espalda de la mano
  7. Prender y apagar interruptores de luz con el dedo pequeño
  8. Arreglarse las gafas con el hombro
  9. Sostener la tarjeta de crédito con papel de baño
  10. Reírse a través del cubrebocas

Sin fecha #1

Estoy en la ventana otra vez. Los días se acumulan y la ventana es donde puedo tener acceso al aire, a la luz del dia y al mundo de afuera. Hoy el día se fue muy rápido. Me perdí inútilmente en las redes sociales. Antes de empezar a escribir, checo los números. La primera muerte en Brasil fue hace dos días. Hoy la suma ya es de 18 muertos. El virus avanza rápido. El presidente dice a la población que el país no puede parar. El ministro de la economía dice que si todas las personas se quedan en sus casas el país va a colapsar. Estoy segura de que el país va a colapsar y no va a ser por ninguna de esas razones. El capital también va a colapsar. Por primera vez, la tierra puede ser laboratorio de sí misma. Se ven por todos lados los beneficios de la reducción drástica de la producción industrial. Todo lo que parecía imposible de pronto se hizo realidad. Vi fotos increíbles de los canales de Venecia absolutamente limpios. La tierra está en vacaciones. Algunas especies tendrán tiempo de reproducirse, otras solo dejarán de morirse y eso no es poca cosa. No me parece que sea posible regresar al mundo en el que vivíamos. Los Estados ya vuelven a existir, y, por todos lados, vemos señales de que el neoliberalismo será enterrado en esta crisis. Hay días en que el fin del capitalismo me anima tanto que puedo olvidar las razones por las que estoy confinada. Pero en seguida me acuerdo de que el ministro de salud anuncia un colapso de la salud pública en los próximos 15 días. ¿Pero la salud pública ya no está colapsada? No soy capaz de imaginarme lo que él promete. El virus avanza rápido, eran 1,178 casos confirmados cuando empecé a escribir. Es muy posible que el número real sea hasta seis veces más grande que ese. La primera mujer en morir en Brasil fue una empleada doméstica que se contaminó trabajando para jefes infectados. Un retrato asqueroso del Brasil de hoy y siempre. Por lo menos, siempre ya no sirve más para hablar del tiempo futuro.

26.03.2020 | día 11

Mis apuntes se acumulan sin lógica. O se inspiran en la misma falta de lógica con que pasan los días. Mi pila de escritos crece. La cuarentena le agregó 1 cm. Por tener todo el tiempo del mundo, puedo medirme cosas sin importancia como cuánto creció mi pila de escritos. El cuaderno avanza. El sol también. El sol avanza para adentro de la casa y me invita. Me acuesto en el piso. Para fingir cualquier cosa soy capaz de ponerme trajes de baño. El tiempo está para fingir e infringir. Los planes de planes se retiraron a las grietas del piso de madera, ahora pelean por espacio con los brillos de carnaval. La carta del confinamiento es El Loco, pero aún no es posible saber si él gira alrededor de su propio bastón o si abre camino y va adelante. Es difícil pensar en cualquier después. Por eso, yo quisiera un plan estrambótico para todos los días poder acordarme de que el futuro todavía puede existir. Cuando veo a toda esta gente productiva, pienso lo triste que debe ser no poder dejarse afectar por los días. No tengo tiempo de leer casi nada, sin embargo, no paro de comprar libros. Se quedarán apilados, al lado de la pila de papeles que crece. Después haré tiempo para ellos. Me pierdo primero en las horas, después en los días. Hoy una amiga me avisó: es jueves. Esa información ya no significa nada. Actividades sencillas pueden llevar casi una vida entera. Puedo pasar horas limpiando las teclas de mi computadora, las mismas que no limpié en los últimos siete años. Miro la suciedad, imagino su origen, todo me parece grasoso, aunque nunca me hubiese dado cuenta. Barrer la casa, trapear el piso, cocinar mi propia comida, lavar los trastes, barrer la casa, son actividades que se alternan en ciclos, se mezclan. Los días están más mundanos, así me doy cuenta de que vivir la vida nunca ha sido poco.

28.03.2020 | día 13

¿Tienes miedo? Si. Yo también. Ese diálogo me permite decir cosas que ya no digo. Estar juntos ahora quizás tenga que ver con eso: poder sentir miedo en paz. Es viernes otra vez. Siento miedo, hasta entonces me sentía de vacaciones.

30.03.2020 | día 15

Ninguna prisa es capaz de apresurarme en ese momento.

Sin fecha #2

Tengo tiempo suficiente para tener ideas que nunca voy a llevar a cabo.

01.04.2020 | día 17

No me dan ganas de empezar nada nuevo, ni nada útil, ni nada de nada. Quien voy a serya existe o se está gestando entre el pollo rancio, la interminable desinfección de las compras y la limpieza del baño que yo odio.

05.04.2020 | día 21

La mayor parte de los planes que yo tenía hace 20 días se vació de sentido. Me gustaría ver algunas pelis que no he logrado ver por falta tiempo en mi antiguo cotidiano. Sin embargo, parece que me dejo cooptar por el cotidiano que sea. No veo pelis, nodesarrollo nada de nuevo, ni limpio la casa. Mis libros siguen sin un lugar, como tantas otras cosas. Siento dolor en el estómago y no puedo dormir. Este año, cuando haga la endoscopia de todos los años, aún tendré gastritis. El factor inercial de la vida es la vida misma.

06.04.2020 | día 22

Escribo, aunque no tenga nada que decir.

15.04.2020 | día 31

Mientras todos intentan conectarse más y más, yo trato de desconectarme. Me cansé de las pantallas. La lista de textos que necesito leer crece. Textos que no se pueden dejar de leer de autores increíbles brotan como links y más links. Me pongo ansiosa. Las actividades mundanas me consumen. Antes mismo de empezar, ya sé que siempre voy a estar retrasada en relación con la producción intelectual pandémica. En alguna medida, admiro mucho a la gente que logra pensar pese a todo. Pero mantengo cierta desconfianza con relación a una cuarentena que permite pensar. No soy capaz de producir más que pensamientos fragmentados. En el futuro pueden servir a la construcción de un texto, o no. Lo más probable es que después del confinamiento estos fragmentos ya no sirvan para nada. La cuarentena se constituye de una falta de sentido de urgencia: en la primera semana pospusieron los plazos, en la segunda, los explotaron. La verdad es que no existen plazos, no existen fechas, no existen ni siquiera los días de la semana. No hay lunes ni viernes y, aun así, insistimos en tomarnos cervezas el sábado por la noche. Tenemos, en alguna medida, todo el tiempo del mundo para lo que sea. Pero no lo tenemos. Los contenidos se multiplican en una velocidad tan absurda que una cuarentena sin fin ya no alcanza para nada. Nunca llegó a alcanzar. Empecé mi confinamiento muy emocionada con la idea de que el capitalismo sería implosionado por el virus. Ahora, me tomo esa idea como un ejercicio necesario de imaginación, pero sin el entusiasmo de antes. Igual sé que si esa imaginación deja de existir, pierdo todo. La verdad es que tenemos todo el tiempo del mundo y eso no nos sirve de nada, porque nunca logramos salir de la lógica del exceso. Así, seguimos siendo neoliberales.

*Artista visual brasileña, vive en Río de Janeiro. Investiga el cotidiano como zanja anticapitalista.

Página web: www.laraovidio.com Instagram: @somos_jovenes_y_hay_sol

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