De la serie “Kenopsia”

Por Xitlalitl Rodríguez Mendoza*

La sobrecogedora atmósfera triste de un lugar que normalmente se llena de gente, pero ahora está abandonado y tranquilo.
Tomado de la cuenta de Twitter de @mariangelaeb

I.

Vacía. La calle está vacía, vaciada la gente tras los muros, bajo tierra o en ovillos al cuenco de un manantial de lluvia. Echa giros de nube, la gente, que en la banqueta solía, en la esquina de la plaza, espera, las plazas no tienen esquinas, pero ahora tan incierto el tiempo la temperatura la templanza que éstas nacen. Solía, dije, la gente. Andar. Ahora el silencio, con su armadura de tábano, persigue. Murmura, muerde, ladra en las hojas abiertas, en las pústulas. Plantas. De luz y verde antiguo. Brotan del concreto, abren las banquetas, forran bancas, aceitan pipas, taggean con salitre las paredes, bailan sobre la cornisa, gritan por los tragaluces, descansan a la sombra de una barra, donde gente solía, donde trabajo y desempleo, donde también hay sol y revienta, donde algunas, muy pocas, irrigan populosas cuentas de Instagram con balcones diamantinos, desde los cuales veces, a lo lejos se alcanza a ver, con una jornada que se extiende como pitayas rondando por el suelo hasta una hora incalculable, a una mujer que acomoda en su chiquihuite los días. Hechos a mano, bien tiernitos. A diez pesos la bolsa o llévese dos por quince, ya para terminar.

II

Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío
JUAN GELMAN

Mi camino es el mismo que el del panadero
el del afilador
el de la secretaria
pero a mí me lleva
a la tarde.
Harto ya
seguramente
de mi croar sin rumbo
de diletante por farola
un día me llevó
a un supermercado.
Allí estaba Juan Gelman
sosteniendo un frasquito
transparente
como el mal que estaba a punto
de quebrarle el cuerpo.
Con la voz rota
de quien ha practicado
su debut en el Bar Chapala
y lo arruinó, le dije
Maestro.
Él sonrió y me preguntó:
¿Tú también escribes?
El lugar estaba a reventar de huesos.
Una lágrima arrojada al escenario
dio las gracias
y ambas salimos corriendo
a alcanzar el camino,
quien se quedó mirando
hacia la noche
mientras pensaba y a ésta
qué mosca le picó.

III Ante la ley

Toda vez que el metrobús
me hubo escupido
en la calle Durango emprendí
la diaria marcha del regreso.
Efraín González Luna aún trabajaba
en mi cabeza con su traducción de Kafka:
“Ante la ley se yergue el guardián de la puerta”.
¿Lo tradujo del inglés o del francés?
Del alemán no porque no sabía.
Eso más o menos transitaba
cuando un estacionamiento me habló:
¡Señorita!
Ya nadie me dice así.
Señorita, disculpe.
Siguiendo ese milagro
llegó otro: Lyn May
tras la reja
agitaba las uñas y giraba instrucciones
breves y precisas,
amabilísima
y absoluta.
Soy fan de su trabajo,
atiné.
Gracias, linda.
¿Puedes timbrar en el cuatro
y decirles que si me abren?

Timbré.
Un hombre atendió.
Buenas tardes,
dice la señora que si le abren.

Obnubilada por mi triunfo
—salvé la vida de Lyn May—
seguí mi camino
sin siquiera detenerme a observar
cómo una mujer que ha esperado
toda una vida
a cruzar por esa puerta
la miraba ahora cerrarse para siempre.

*Xitlalitl Rodríguez Mendoza (Guadalajara, Jalisco, 1982) es autora de varios libros de poesía, entre ellos Catsup, Jaws [Tiburón] y Hotel Universo. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Ignacio Manuel Altamirano y pertenece al Sistema Nacional de Creadores de Arte.

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