Primer impacto

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Por Javier Molina*

En ocasiones uno siente un pálpito premonitorio. El 1 de enero de 2020 yo decidí dejar de viajar compulsivamente (trabajaba como guía de viajes y decidí dejarlo). Ganaría mucho menos, pero tendría más libertad. Me largué del empleo más estresante y mejor pagado de mi vida para ganar diez veces menos como investigador en la universidad. Decidí practicar el sedentarismo. Vivir con menos: menos dinero y menos estrés. Me di cuenta de que cuanto menos tenía menos necesitaba.

Después de dar la vuelta al mundo tuve una revelación liberadora: lo mejor estaba delante de mis ojos, en mi calle, en el humilde barrio chino y latino de Usera, al sur de Madrid. No hay paisaje comparable a este crisol humano, pensaba. En cada esquina hay una historia y un momento irrepetible. Sólo hay que aprender a mirar más y mejor. Ojalá aprendamos a mirar las cosas pequeñas en 2020, escribí en las redes.

Parece que algo, una vocecita interior, me estaba preparando para esta hecatombe mundial que nos condenaría al sedentarismo y al confinamiento. Eso quiero pensar. Pero finalmente nunca estamos preparados. Nadie lo está.

Toda nuestra vida, nuestros planes y nuestro futuro son hoy un signo de interrogación. Los escritores, periodistas y creadores en general no sabemos qué terreno vamos a aterrizar: Puede que muchas editoriales dejen de existir. Puede que muchos medios lleven a cabo despidos masivos. Puede que no se rueden películas en todo el año. Los cines y los teatros estarán vacíos. Puede que no tengamos trabajo en demasiado tiempo. O que tengamos que replantearnos la vida entera.

Llevaba meses y meses en un semi encierro voluntario, escribiendo inspirado y concentrado como nunca, pero desde que esta locura nos ha encerrado en casa no me sale una pinche palabra. La gente me dice que aproveche la cuarentena para escribir mucho. Pero incluso leer me es imposible. Se me hace injusto, frívolo y banal seguir mi ritmo de lecturas mientras miles de personas están muriendo a mi alrededor. Todo resulta insignificante cuando el mundo se derrumba en pedazos.

No hemos entendido lo que nos ha caído encima. Y yo aún no lo entiendo del todo: un virus que mata poco a poco, colapsa el mundo y nos arruina. La frase se bebe como un vaso de agua, pero la digestión dura semanas. Y paraliza el alma.

*Javier Molina, Madrid. Es escritor e historiador con doctorado en la UNAM. Como periodista ha trabajado en El País, SinEmbargo, Eldiario.es, ABC, Público, Soho, Gatopardo, Letras Libres y Vice, entre otros medios. Es autor de tres novelas.

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