El culpable fue Ibargüengoitia: Felguérez

Entrevista con el pintor zacatecano

Por Alicia Quiñones*

Fotografía: Especial

Hablar del pintor y escultor Manuel Felguérez (Zacatecas, 1928-2020) es saber que a través de su obra, el tiempo y la imaginación encontraron su lenguaje. Es saber que en su pintura, en la creación, se encuentran la fascinación y los deseos. La principal ocupación de Felguérez —artista perteneciente a la generación de la Ruptura— ha sido la de observar el mundo y sus paisajes, de ahí que desde niño lo que más admiraba fueran los campos y los atardeceres.

A Felguérez lo entrevisté por lo menos tres veces en su casa de la Ciudad de México, en la colonia Olivar de los Padres. La primera charla fue en 2008. Recuerdo que al llamar para solicitar alguna entrevista siempre atendía Mercedes, su compañera, y siempre estaba dispuesto a atender a los reporteros novatos, legendarios, críticos y complacientes, para todos había un lugar en su casa para conversar con un café. No dejo de recordar que una pregunta incómoda sobre los presupuestos oficiales y el arte desató el enojo de Felguérez en una segunda charla. Fue en aquel momento, en 2009, donde el equipo de televisión que asistimos a la entrevista salimos huyendo y con un mal sabor de boca. Experiencias inevitables de un reportero.

Tiempo después, el maestro Felguérez me recordaba, aunque sea un poco, por esa entrevista, y cada vez que llamaba me contestaba con buen humor, con camaradería. Lo agradecí por siempre.

Un par de años más tarde, llamé de nuevo a Felguérez para un “refresh” de su historia, y después, para que colaborara en el suplemento del que fui editora al menos seis años.

Tardaría muchas palabras para describir la casa del maestro, su hospitalidad, o describirlo a él, que siempre vestía con elegantes suéteres y portaba su pipa, que resaltaba sus ojos verdes. Su casa era hermosa, grande, de techos realmente altos. Recuerdo los colores verdes, la iluminación y el frío. No sabría decir si era un taller con una casa o una pequeña casa incrustada en un gran taller. Lo que sea, era el mundo de Felguérez.

Manuel Felguérez falleció el 8 de junio de 2020 a causa de la infección causada por Covid-19. En su memoria, como un homenaje, recupero el momento en el que él, uno de los pintores más importantes de nuestro país, descubrió su vocación.

—Ya estaba grandecito cuando descubrí la pintura. Fue junto a mi amigo Jorge Ibargüengoitia, en un barco…. Jorge y yo éramos scouts. En 1947 se preparaba la reunión mundial de los Scout, que se hacía cada 4 años, como las Olimpíadas. Esa vez era muy importante, pues iba a ser la primera gran reunión después de la Segunda Guerra Mundial. El chiste es que Jorge y yo fuimos seleccionados para asistir, nos estuvimos entrenando hasta que nos dijeron que teníamos que pagar el avión. Costaba 5 mil pesos y ni su familia ni la mía eran pudientes, así que cancelamos el viaje con el grupo. Un día, saliendo de la preparatoria (nos veíamos en la YMCA de Balderas y Morelos para nadar) dijimos que aunque no tuviéramos dinero, nos íbamos. Conseguimos un pasaporte, y  nos enteramos de barcos que transportaban tropas a Europa, lo malo es que salían de Nueva York. Y nos fuimos a Nueva York en camión, hicimos 5 días y 5 noches. Nos echamos, en total, un viaje de 2 meses y medio de mochileros, en ese tiempo no era tan común el viaje mochilero, era raro, así que hasta fuimos pioneros en eso. Europa estaba destruida, había pocos restaurantes y espectáculos, y no teníamos dinero para entrar. El último día en Europa Jorge y yo estábamos durmiendo en el Discovery, el barco donde descubrieron al capitán Robert Falcon Scott en el Polo Sur. Recuerdo que vi un atardecer espectacular, era todo un acontecimiento visual. Fui al camarote por lápiz y papel, lo dibujé y le dije a Jorge: “Ya soy pintor”. Él vio nacer mi vocación. Me considero, en ese aspecto, 100% un converso. Y ante el espectáculo del arte, dije “yo también”. Regresé a México con la conciencia de que ya era un artista. Pero, imagínate, yo era la esperanza de mi familia, querían que fuera médico. Llegué a casa y le dije a mi madre que ahora iba a ser pintor. Así es el misterio del arte, de la creación, no sabemos en qué momento se pronuncia ni de qué manera llegará.

—¿Qué le dijo su madre?

—Le hizo la lucha: “¿Por qué no estudias medicina y te haces cirujano plástico? Así tú te das gusto”. Me inscribí a medicina, pero también entré a San Carlos.

Este 2020, a sus 91años, Felguérez falleció dejando una amplia trayectoria rica en anécdotas artísticas y un lenguaje pictórico único. Después de estudiar sólo dos meses en la Academia de San Carlos, se formó, entre otras, en la Escuela Nacional de Pintura, en “La Esmeralda”, en Harvard, la UNAM y en la Academia Colarossi, en Francia, donde encuentra a quien sería una de sus principales influencias estéticas: el pintor y escultor cubista Ossip Zadkine. Para Felguérez, la generación de la Ruptura, fue una generación que intentó ir a contracorriente del costumbrismo pictórico. José Clemente Orozco, Rufino Tamayo y Vicente Rojo se consideran parte de esta corriente estética.

—¿Cuáles eran las ideas entre los jóvenes de la Ruptura?

Nunca hicimos un manifiesto. Estábamos en contra de la costumbre de la escuela mexicana, de sus declaraciones, del nacionalismo socialista. La característica general de la generación —no sólo pintores, era multidisciplinario— era tremendamente individualista, cada quien buscaba una expresión individual.

—¿Cuál fue el gran pecado de la generación?

Creo que el gran pecado fue que era inaceptable aquel que fusilaba, el que copiaba a otro. Acercarse a otro en lugar de hacer escuela, de ser una virtud, para nosotros era un pecado mortal. Tenías que ir solo por el arte, encontrar tu propio camino.

—¿Qué pasó con la escuela que los antecedía?

De manera natural esa escuela mexicana estaba cayendo: Diego Rivera muere en el 54, Orozco ya había muerto, y el que más aguantó fue Siqueiros. Nosotros éramos los nuevos. ¿Y qué hacen los nuevos?, cada quien lo que se le ocurría.

—Rufino Tamayo fue uno de sus “estandartes”.

Tamayo para nosotros en ese momento era muy importante porque no era mexicano, era la vanguardia. Él se apoyaba en nosotros porque estaba profundamente peleado con Siqueiros y Rivera, y no sólo no lo dejaban pintar, lo grillaban. Por lo tanto, necesitaba gente que apreciara lo que él hacía.

—¿Tenía un diálogo con ustedes?

Sí. Era nuestra bandera. Apoyábamos profundamente a Tamayo en todos sus pleitos con todos los realistas, y él nos apoyaba a nosotros, nos daba consejos.

—A tantos años de haber probado diversas técnicas y de ver crecer muchos artistas. ¿Qué opina del arte actual?

Prefiero casi no acordarme de los nombres. Me interesa, porque el arte es algo que está en constante evolución, pienso que cada vez que sale algo nuevo prestigia lo viejo. Nosotros prestigiamos a Frida, a Diego, a ellos, porque en ese momento, cuando éramos jóvenes, ellos pintaban monigotes, y después fueron valorados. Es indispensable que el arte siga avanzando, en estos tiempos de la electrónica, tiene que ser absolutamente diferente. Nada permanece, todo se transforma, y en el arte es inevitable. El arte es diacrónico, está de acuerdo a su día a su momento y se transforma. Ahora me han tocado ver las instalaciones, algunos te quedas con los ojos abiertos y otros que te parecen unos mamarrachos. Lo que he visto es que las grandes instalaciones tienen mucho capital, necesitas una empresa.

—¿Cuáles son los planes con el Museo Manuel Felguérez, ubicado en Zacatecas?

El museo ha sido muy útil para difundir la obra de los artistas abstractos zacatecanos en el resto de la República. Estamos preparando una serie de exposiciones a lo largo del país. Así que deseo, con eso, cumplir una labor nacional. En principio, porque el arte abstracto sigue completamente vivo. Los buenos artistas tienen que inventar, y al inventar tienen que evitar parecerse a sus mayores. La abstracción es pura imaginación, entonces, permite que cada quien invente nuevos caminos. Eso es lo que queremos mostrar en el museo.

—¿Y sus planes?

Después de la celebración de los 80 años, tuve un exceso de exposiciones en México y el extranjero. Ahorita es un momento de reflexión para mí. Estoy buscando nuevas posibilidades en mi propia obra. Participando en lo que voy pudiendo, en lo que me cae, vamos a decir… Tengo planes para esculturas en monumentales en Nezahualtcóyotl, entre otras cosas.

*Alicia Quiñones es periodista, editora y escritora. Twitter: @aliciaquinones

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