Escribir, una estrategia frente a la cuarentena

Crean en Colombia red de escritura creativa

Por Gloria Helena Rey*

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Los expertos dicen que “la tecnología es el arte de crear a partir del conocimiento”, entonces tendríamos ahora que preguntarnos lo que es hoy la tecnología para el arte. El arte digital y el electrónico engloban actualmente todos los procesos de creación, pero no reemplazarán jamás la creación en sí misma.

“La tecnología no es nada. Lo importante son las personas buenas e inteligentes, que hacen cosas maravillosas si les das las herramientas”, decía el genio de la tecnología Steve Jobs, y no se equivocó. Lo que hace la tecnología es “resituarnos de otra manera”, pero el corazón de todo sigue siendo el hombre, la mujer, el artista.

Es el diálogo “de un corazón humano a otro”, nos dice el escritor Rodolfo Celis, fundador de Cuentos de Cuarentena, un grupo cerrado de escritura creativa integrado por escritores y no escritores colombianos, que funciona por Facebook. Celis menciona como ejemplo el cine: “Se pueden tener todas las herramientas digitales y todos los efectos especiales, pero si la historia no conecta con el corazón de la gente, es caso perdido. En el fondo, lo que hace que las plataformas funcionen son principios muy antiguos, huellas atávicas en el corazón de la gente”.
Tecnología y arte, una combinación tan impensable en otras épocas como el agua y el aceite, son hoy un complemento que fortalecerá el arte digital y el electrónico tras el Covid-19, y el que está impulsando la creación en la red de muchos grupos en diferentes artes.

El arte digital lo definen algunos como todo lo que se crea utilizando la tecnología como complemento, instrumento o respaldo


Ya se están utilizando las herramientas disponibles “para generar unos nuevos tipos de relacionamientos entre el artista, la obra y el público, gracias a las tecnologías”, afirma Celis. Cuentos de Cuarentena, como el jam de narrativas en el que el escritor improvisa, apoyado por la tecnología, ante sus lectores, que a la vez son críticos y creadores, se podría clasificar dentro del arte digital o el electrónico.

El arte digital lo definen algunos como todo lo que se crea utilizando la tecnología como complemento, instrumento o respaldo. El electrónico, como “la primera experiencia artística que ha nacido al mismo tiempo que su crítica e historia, y evoluciona al paso de la tecnología en que se sustenta”, según afirma Blanca Montalvo, profesora de la materia en la Universidad de Málaga, España.
Sin embargo, es difícil diferenciar entre los dos por la tenue línea que los separa y por eso sería mejor afirmar que “el único sistema aceptable es no tener sistema”, como decían los del movimiento dadaísta en Suiza hace más de un siglo.
Lo que está claro es que nuestro cotidiano estará regido por lo digital cuando despertemos de la pesadilla del Covid-19 en 18 meses, según lo previó el cofundador de Microsoft, Bill Gates, en una reciente entrevista con la BBC de Londres. Hoy, gracias a la tecnología y al virus estamos haciendo, a través de la red, el mercado, los pagos; estamos acudiendo al médico, realizando cursos, asistiendo a reuniones de trabajo, a eventos familiares, haciendo paseos guiados por los grandes museos o colecciones de arte del planeta o escuchando los conciertos de Andrea Bocelli o de Rubén Blades y de Carlos Vives, sin salir de la casa o de la cama.

Lo mismo sucede con el arte digital y electrónico. Los expertos dicen que cuando termine la emergencia se habrá consolidado y avanzado en semanas lo que se ha demorado, por lo menos, 20 años en andar.

Antes del nuevo coronavirus, científicos, programadores de software informático, inventores, emprendedores y también músicos, artistas visuales, directores de cine y diseñadores se ocupaban de crear nuevas experiencias humanas, lo que produjo “el nacimiento de un arte original en todas partes y ha permitido que evolucionen formas de arte completamente nuevas”, según la BBC de Londres.

Cuentos en Cuarentena

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En la actualidad vemos cada vez con mayor frecuencia cómo los creadores empujan más los límites de lo “tradicional” para innovar en sus trabajos, lo que hace que el arte sea cada vez menos estático y más novedoso en formas y expresiones como, por ejemplo, las esculturas en 3D o los llamados flash-mobs, veloces y multitudinarias acciones callejeras que se desintegran como burbujas en el aire.

La innovación y la tecnología están, sin duda, alimentando al arte. En la escritura el campo crece, podrá llevarnos a niveles insospechados y Cuentos de Cuarentena es un ejemplo válido, pues es un grupo de disciplinados creadores que utilizan la red y otras herramientas, como Zoom, para alcanzar y consolidar sus ideales.

La mezcla de creación y tecnología es “un terreno con múltiples potencialidades, muchas inexploradas… permite una interacción muy activa entre creadores; enriquece las prácticas individuales y puede complementar e incluso sustituir los procesos tradicionales”, afirma Celis, fundador del grupo, que nació como una especie de antídoto al aislamiento impuesto por el Covid-19. El objetivo fue “escribir como terapia de choque frente a la cuarentena. Escribir para sobrevivir al encierro. Escribir colectivamente. Escribir para aprender a escribir con otros. Escribir para mantener un diálogo constante en torno a la escritura”, explica.

En este espacio, unas 30 personas publican a diario textos que se someten a la lectura y crítica de lectores exigentes, como productos recién salidos del horno de la creación, lo que ha dado lugar al nacimiento de 250 textos en 12 días y hace que se esperen muchos más, pues se estudia la posibilidad de prolongarla existencia de Cuentos de Cuarentena una vez pasada la emergencia.

De momento, el ejercicio es muy dinámico, exigente y con reglas estrictas. La idea es que cada participante comparta a diario, hasta la medianoche, entre 500 y mil nuevas palabras sobre un tema determinado. Será descalificado si no lo hace durante tres días y sustituido por otro, que aguarda en una lista de espera.
“Los participantes son al mismo tiempo escritores y lectores. Como tales, publican y comentan. No nos interesa tener lectores externos que actúen solo como espectadores que leen y juzgan, sino que se lee y se juzga desde la misma práctica escritural. En eso también el grupo exige la disciplina de escritura diaria. Si alguien no puede aguantar el ritmo de escritura sale, y entra otra persona”, cuenta Celis.
El número de participantes no puede sobrepasar los 30 porque, dice Celis, “creemos que no solo es importante escribir, sino leer lo que publican los otros y, más importante aún, comentar. Eso hace que cada texto tenga un promedio de diez comentarios que generan interacción entre escritores. Además, contamos con un sistema de puntajes por publicaciones y comentarios que permite a los asistentes saber cómo ha sido su participación en el grupo”.
Además de cuentos y textos narrativos, en Cuentos de Cuarentena también se han publicado crónicas, poemas en prosa o columnas de opinión.

El primer tema fue sobre el mar y lo propuso Celis, pero después cada tema lo determina la primera persona que suba el texto del día. Los participantes han escrito sobre montañas, plantas, juegos, tabúes, máquinas o memoria.
Aunque el ejercicio se concibió con la idea inicial de que durara el tiempo de vigencia de la cuarentena, hoy se estudia la posibilidad de consolidar el grupo para hacerlo permanente.

Según el fundador, se están haciendo reuniones en Zoom “para conocernos y proponer algunas cosas. Lo primero es que hemos descubierto la potencialidad de las herramientas virtuales… Pensamos también en la opción de publicar una antología con los mejores textos. Incluso, en ampliar y potenciar la comunidad hacia otros escenarios, sin perder el horizonte inicial”. Sobre lo único que no han escrito hasta el momento es sobre el coronavirus porque está presente en todo. Celis dice que “con el miedo, la tensión y el ruido que provoca, no escribir es hacer más evidente su presencia”. No hay camellos en el Corán, decía Borges. Así quizá nos pasa. Como aquellos personajes del Decamerón, nos hemos refugiado en las ficciones para sobrevivir, para no caer en el remolino, para resistir.

También explica Celis que cuando hablan del mar, por ejemplo, lo hacen “como de un mundo perdido; de la nostalgia, como un tiempo al amparo de todas las catástrofes; de las plantas y las montañas, como de un universo lejano donde alguna vez fuimos felices. Ha sido bonito eso, de encontrarnos en la palabra, de habitar en ella, construir con palabras nuestra última trinchera. Escribir en grandes letras: el virus no pasará. Y si pasa, lo pasaremos junto

*Periodista y editora colombiana. El presente artículo fue publicado en el diario El Tiempo de Bogotá (12-05-20) y reproducido aquí con autorización de la autora. Twitter: @GloriaHelenaRey

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