Testimonio de Covid-19

“Hay que tener calma y un médico de cabecera que te apoye”

Por Verónica Orozco Rivas*

De visita en Arizona, Verónica Orozco se recupera de Covid-19. Fotografía: cortesía de la autora

Me contagié de Covid-19 estando de visita en Mesa, Arizona, donde aún permanezco. Soy trabajadora social, investigadora y terapeuta, dedicada al manejo de las terapias holísticas. Tengo 46 años y nací en Managua, Nicaragua. Mis padres son del departamento de Rivas y ahí me trasladé desde los seis meses hasta los 17 años, cuando regresé a la capital para estudiar en la Universidad Centroamericana (UCA), de los jesuitas. En estos días sigo alojada en casa de mi amiga que es doctora. Ella tiene 50 años y otra chica que también está en la casa tiene 31 años, las tres nos contagiamos. Pero los dos niños de mi amiga, de 6 y 9 años no han sentido ningún malestar, ellos no se enfermaron.

El primer síntoma apareció el martes 21 de abril con un goteo de nariz. Pensé que era rinitis y tomé un antialérgico. Al día siguiente, el 22, desperté en la madrugada con mucho frío y un temblor en el cuerpo que pasó después de unos minutos. Al levantarme sentí un fuerte dolor de cabeza y presión y dolor de cuerpo. Bajé a la cocina, cogí una taza de café y no sentí ni el sabor ni el aroma. Me dio tristeza y dije ‘es Covid-19’. Pasé ese día tomando mucho líquido y acetaminofén. El día jueves los síntomas se incrementaron, aparecieron tos y fatiga. Mi amiga doctora hizo una cita para que me hicieran la prueba y dijeron hasta el viernes por la tarde, o sea al día siguiente.

Pasó la noche, ya no dormí bien por la tos y sentía bajo mi oxígeno. Tengo un aparatito para medir el oxígeno y sí estaba bajo, y tenía taquicardia. Se iban sumando más síntomas.

Avisé a mis padres, que viven fuera de Nicaragua y cuando me entregaron los resultados el día sábado hablé con mi hijo que está en Managua y le conté, él me dio mucho ánimo. A mi hija más pequeña, que está con él, no le quise decir nada para que no se asustara.

Cinco meses atrás yo había dado un giro radical a mi estilo de vida, estaba comiendo más balanceado, iba al gimnasio, hacía ejercicios de cardio, de yoga, hacía meditación y también Reiki. Creo que todo eso me ayudó para salir adelante. Estaba informada del virus, pero igual me asusté porque no sabes qué va a pasar y cómo va a evolucionar el virus dentro tuyo.

Desde el principio fui positiva y me aferré a mi fe, me decía que todo iba a pasar y que todo estaría bien.

Ante los primeros síntomas lo tomé con calma y al tercer día me hicieron la prueba que confirmó el Covid-19.

Gracias a que mi amiga anfitriona en Arizona es médica internista me sentí más segura, ella fue mi médica de cabecera. Además de acetaminofén, tomé Mucinex para la tos.

También comencé a llevar un diario del virus y si pienso en mis peores momentos desde el 21 de abril hasta hoy 7 de mayo cuando escribo estas líneas, a 16 días del inicio de los síntomas, lo más difícil fue a partir del cuarto día y por las noches, eran mis horas más críticas de fatiga y de taquicardia. Es ahí donde entra un poco de ansiedad y pánico porque te sientes tan mal que no sabes qué pasará. Pero yo misma reaccionaba, me levantaba a realizar los ejercicios de respiración que siempre hago y me calmaba, relajándome. También ponía en el celular sonidos de cuencos, hacía visualizaciones positivas, me daba Reiki y así lograba conciliar el sueño.

A partir del cuarto día, cuando la tos se incrementó y aparecieron la fatiga y taquicardias, empecé a realizar ejercicios de respiración orientados por mi amiga médica y después me dio un espaciador con una bola para que lo soplara y llegara hasta un nivel y lo mantuviera por cinco segundos. Hacía seis repeticiones, duelen mucho los bronquios, pero me medía el nivel de oxígeno y mejoraba y las taquicardias disminuían lentamente. 

Siempre tomo mis suplementos de vitamina C con zinc y Echinacea, y ahora además tomé ajo, té de manzanilla, té verde y miel, mucha agua de limón y Gatorade por la deshidratación. 

El apetito desapareció por completo, pero comía pequeñas porciones y tomaba a diario sopa de pollo, además de comer frutas.

Lo peor que sentí fue el cansancio. Y cuando miraba que mi nivel de oxígeno bajaba y sabía que si bajaba demasiado tenía que ir al hospital de emergencia, y ese era mi miedo.

Mi práctica de las terapias de Reiki y respiración sin duda me ayudó a mantenerme calmada y que mis momentos de ansiedad pasaran y ser positiva en todo momento. 

Cuando me preguntan qué recomendaría a las personas que se contagian: tener un médico o médica de cabecera, para que monitoree tus signos y números. 

También me ayudó a mantenerme positiva en todo momento mi fe en Dios y mis redes de apoyo, mi familia y amigas muy cercanas que han estado siempre pendientes hablando conmigo y enviándome mensajes de esperanza, que todo iba a pasar y que estaría bien me decían; que me quieren y me estiman. Además, yo me decía ‘no puedo fallar a mis hijos, tengo que salir de esto pronto…’

Todavía no me siento del todo bien, uno queda muy agotado y cada movimiento en la casa lo hago muy lentamente. Pero he reflexionado mucho y quiero, a partir de ahora, cuidar más mi salud mental y corporal, continuar con disciplina mis rutinas y los buenos hábitos de alimentarme mejor.

Soy más consciente de que la vida es efímera, se puede ir en segundos…

Yo sé que la muerte es un viaje que todos y todas debemos emprender, pero una noche me dije que eran mis horas fatales, ‘no estoy lista’. Entonces le pedí a Dios: ‘dame una segunda oportunidad, permíteme sanar. Déjame y seré mejor humana, voy a amarme más, iré a esos sitios que siempre he querido ir y disfrutaré de ellos; déjame ver más lunas llenas y bañarme de su energía, ver puestas de sol en el Pacífico de mi tierra; voy a escribir y documentar vivencias que pueden ser de utilidad a otras personas. Fortaleceré más mi espiritualidad. Quiero enseñar más a mis hijos sobre la vida. Necesito tener más tiempo con ellos…”. Todo eso le pedí…

Mi principal miedo fue no volver a ver a mi hijo y a mi hija, y no estar más para ellos. En todo momento me decía: “Voy a ganar esta batalla, cuerpo mío te amo, lucha y llénate de luz y mucha fuerza, no te doblegues. ¡Vamos!” Siempre mentalicé esas palabras.

Concluyo que la “la vida es bella”, que todas las horas del día son importantes desde las primeras horas cuando despertamos y nos metemos en actividades simples y cotidianas. Debemos darnos más tiempo a nosotras mismas, más minutos de sol para llenarnos de energía y vitamina para nuestras células y órganos y su buen funcionamiento que son de utilidad para tener un buen sueño. No transgredir nuestro cuerpo con tanta basura (toxicidad de alimentos, información que no sirve…); siempre tener nuestras luchas y defenderlas, ser coherentes en eso. 

Se acerca otro día de las Madres… nada que celebrar. Yo sigo de luto por las Madres de Abril en mi país, cuyos hijos murieron tras la rebelión estudiantil de 2018 y por esta pandemia a la que he sobrevivido. Como dijo poco antes de morir de manera trágica el estudiante de secundaria de 15 años, Álvaro Conrado, herido de bala en el cuello por paramilitares, “me duele respirar” por mi Nicaragua cuando vemos a las autoridades negar con negligencia la pandemia, exponiendo a graves riesgos a toda la sociedad. “Me duele respirar…” dijo Alvarito, a quien se le negó la atención en el hospital.

*Trabajadora social y terapeuta. Rivas, Nicaragua (1973-), Email: veronicaorozcorivas1973@gmail.com, Instagram: Veronica O Rivas

Un comentario en “Testimonio de Covid-19

  1. Excepcional relato! Dios te bendiga por compartir tu experiencia de vida!

    Soy rivense, de omepete y también en el 2019 Dios me dio una segunda oprtunidad, no por covid-19, sino por cáncer!

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