La pandemia y nuestra experiencia en Perú

Por Eduardo Alt*

Eduardo Alt y su esposa Claudia en Machu Picchu. Foto: Axel Alt

Hace 38 años vivimos en Perú, hermoso país que nos abrió sus brazos y nos acogió cálidamente permitiéndonos desarrollar nuestra vida y nuestra familia.

Hemos pasado por infinidad de experiencias, no todas gratas. Haber vivido la nefasta época del terrorismo y de la hiperinflación del primer gobierno del hoy suicidado Alan García, es, tal vez, de lo más destacable entre esas experiencias que no quisiéramos volver a vivir.

La que estamos viviendo desde el 14 de marzo, cuando se decretó el Estado de Emergencia en Perú y que se vio acrecentada desde el día 16 -a la postre, cumpleaños de Claudia, mi esposa- con el inicio de una cuarentena que, con suerte, terminará, no sin haber sido ya prorrogada, el 26 del presente mes, es un caso aparte. No puedo decir único, ya que todo el mundo está sufriendo experiencias similares.

Trabajamos en turismo, el primer y posiblemente más afectado negocio en el mundo: sin aviones, sin cruceros, sin transporte terrestre, con las fronteras del mundo cerradas… el turismo murió, al menos por ahora. Es posible que, también, sea uno de los últimos eslabones en ponerse en movimiento.

Si bien ver la usualmente caótica Lima sin tráfico es casi un milagro, así como lo es ver cómo la naturaleza está rápidamente recuperándose de tantos años de “pandemia” humana, la realidad en la que vivimos, viendo cómo muchísimas personas han quedado virtualmente sin ingresos, cómo la idiotez y la falta de conciencia social de muchos pone en peligro la vida de todos al no respetar la cuarentena y/o los mínimos requerimientos necesarios como mantener distancia social al hacer las compras… es, tal vez, una de las peores experiencias.

Volviendo al turismo, nuestra empresa se dedica tanto al turismo emisivo (“exportamos” temporalmente peruanos) como al receptivo (“importamos” temporalmente extranjeros). Hoy, ambas ramas de nuestra profesión están en crisis a nivel mundial. Tal vez una de las consecuencias más importantes de esta realidad es que el turismo es, probablemente, una de las actividades más integradoras que existan. No solo involucra a medios de transporte (aerolíneas, cruceros, trenes, buses…), agencias y operadores de turismo, hoteles y atracciones, sino que abarca también a restaurantes, guías, artesanos, productores de alimentos… un sinfín de actividades conexas que involucran a millones de personas en Perú y en el mundo.

Perú es, probablemente y según informes de diversos medios internacionales, el país sudamericano que mejor está manejando el apoyo económico a la población, buscando minimizar, en lo posible, el impacto negativo que una cuarentena como la que vivimos, sin prácticamente ninguna actividad económica, significa para la mayoría de la población. No hay que olvidar que la informalidad laboral es, hoy, uno de los motores de la economía peruana (o lo era).

No sabemos (nadie lo sabe) cómo ni cuándo terminará esta suerte de “película de ciencia ficción” en la que todos estamos sumergidos. De lo que sí estamos seguros es ya nunca la normalidad volverá a ser lo que fue. Deberemos reaprender a vivir.

*Lima, Perú. Agencia de viajes Inbound Peru, Marketing & Sales Director, www.inboundperu.com

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