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Por Irene Selser

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Pandemia incuba intolerancia

12 de julio de 2020

Photo by Andrea Piacquadio on Pexels.com

Las reacciones ante la “Carta sobre la justicia y el debate abierto” publicada por 153 artistas e intelectuales en la revista Harper’s, son elocuentes del crítico estado en que se encuentran hoy las libertades  

Por Irene Selser*

La “Carta sobre la justicia y el debate abierto” publicada el 7 de julio en la edición en línea de la conocida revista Haper’s –y que saldrá impresa en su edición de octubre–, suscrita por 153 intelectuales, periodistas, músicos y artistas de todo el mundo, es una advertencia del peligroso camino que está tomando el planeta a merced, adicionalmente, de las restricciones que impone la pandemia.

Con la firma entre otros de Noam Chomsky, Gloria Steinem, Gary Kasparov, Margaret Atwood, JK Rowling y Wynton Marsalis el documento es una advertencia sobre los riesgos que enfrentan las libertades individuales y colectivas en la era de Donald Trump, cuando la tercera parte de la humanidad está encerrada en su casa por temor al Covid-19 y el panorama económico mundial es aún más funesto del vivido hace un decenio tras la crisis financiera de 2008-2009.

Con énfasis en la Unión Americana, pero extensivo a otros países, los firmantes expresan su preocupación por la “intolerancia hacia las perspectivas opuestas, la moda de la humillación pública y el ostracismo” que está ganando fuerza en ese país, tanto de derecha como de izquierda.

Entre los párrafos más incisivos se afirma que “el libre intercambio de información e ideas, que son el sustento vital de una sociedad liberal, está cada día volviéndose más estrecho. Aunque esperábamos esto de la derecha radical, lo censurador se está extendiendo más ampliamente en nuestra cultura: la intolerancia hacia las perspectivas opuestas, la moda de la humillación pública y el ostracismo, y la tendencia a disolver asuntos complejos de política en una certidumbre moral cegadora”.

Añaden que cada vez es más frecuente escuchar llamadas a imponer “represalias rápidas y duras en respuesta a lo que se percibe como transgresiones del discurso y el pensamiento”, y sostienen que lo “perturbador” es que los líderes institucionales están dando “castigos desproporcionados en lugar de reformas meditadas”.

“Los editores son despedidos por publicar piezas controvertidas, los libros son retirados por supuesta falta de autenticidad, se prohíbe a los periodistas escribir de ciertos temas, los profesores son investigados por citar trabajos de literatura en clase, un investigador es despedido por divulgar estudios académicos revisados, y los jefes de las organizaciones son cesados por lo que a veces solo son errores torpes”, denuncian.

Asimismo, destacan que las “fuerzas de la intolerancia están ganando fuerza en todo el mundo y tienen un aliado poderoso en (el presidente de EU) Donald Trump, que representa una amenaza para la democracia”. Pero aseguran que “no se debe permitir que la resistencia se convierta en su propia especie de dogma o presión, que los demagogos de la derecha ya explotan”.

Al respecto, recordaron que la restricción del debate, ya sea por parte de un gobierno represivo o una sociedad intolerante, perjudica a quienes tienen menos poder y reduce la capacidad de participación democrática”.

“La manera de vencer a las malas ideas es exponiendo, argumentando y convenciendo, no intentando silenciar o apartando. Rechazamos cualquier falsa elección entre justicia y libertad, que no pueden existir la una sin la otra. Como escritores necesitamos una cultura que nos deje espacio para experimentar, tomar riesgos e incluso cometer errores”, sostuvieron.

Los firmantes, entre otros Salman Rushdie, Francis Fukuyama, David Brooks, Jeet Heer y David Frum defienden la necesidad de proteger la posibilidad de “discrepar de buena fe sin (enfrentar) duras consecuencias profesionales”.

El eje de la carta es la defensa llana de la libertad de expresión, lo que paradójicamente provocó un encendido debate en los medios, así como en las redes sociales en su doble cara de revolucionaria plataforma de interconexión, información, organización y movilización ciudadanas a la vez que balcón para la intimidación, el escarnio, la ofensa y el terrorismo mediático.

Al respecto, y luego de que dos firmantes de la carta se retractaran ante la ola de reacciones –la historiadora Kerri Greenidge y la activista transgénero y profesora de la Universidad de Columnia, Jennifer Finney Boylan–, la vicepresidenta de Harper’s, Giulia Melucci dijo a The Daily Beats que “ahora se las considera incendiarias y la gente corre y se esconde, temerosa”. Pero “estas declaraciones no hubieran sido inflamatorias hace diez años”.

También Jonathan Freedland, escritor, columnista del diario británico The Guardian y Premio Orwell de periodismo citado por el portal argentino Infobae, señaló que “la reacción a la carta ha probado su necesidad”, en tanto las ideas que sostiene “bien podrían llegar a verse como un punto de inflexión en una disputa que ha estado resonando, en buena medida en las redes sociales, durante meses, si no años”.

Las críticas incluyen el perfil variopinto de los firmantes –que Harper’s reunió de forma deliberada–, desde el lingüista y activista izquierdista Noam Chomsky hasta David Frum, autor de los discursos de George W. Bush y responsable de acuñar en 2001, tras los atentados terroristas del 11-S en Nuevas York, la expresión “eje del mal” que dio pie a la prolongada invasión de EU a Irak (2003-2017), basada en fake news y resituó al mundo en la lógica bipolar de la guerra fría, concluida supuestamente en 1991 tras el desmoronamiento de la Unión Soviética.

El “pensamiento único” del conservador George W. Bush –“El único modo de proteger a nuestro pueblo, el único modo de asegurar la paz, el único modo de controlar nuestro destino pasa por nuestro liderazgo”–, que llevó incluso al The New York Times a apoyar la campaña belicista, debiendo autocriticarse en 2004 por su “falta de rigor” en parte de sus informaciones sobre la guerra contra Sadam Husein, ha reencarnado en el mesianismo supremacista blanco de Donald Trump  y su negacionismo a ultranza de la pandemia, como el contagiado Jair Bolsonaro en Brasil.

Los firmantes de la carta de todas las razas y creencias combaten el “clima intolerante” que se instaló en Estados Unidos y que quedó de manifiesto, aseguran, con las protestas tras el asesinato en Minnesota de George Floyd; protestas que se han visto acompañadas de un “nuevo conjunto de actitudes morales y compromisos políticos que tienden a debilitar nuestras normas de debate abierto y tolerancia de las diferencias en favor de una conformidad ideológica” y que ha acabado en una “forma propia de dogma y coerción”.

Según el New York Times, la carta fue redactada por unas 20 personas, pero fue idea deThomas Chatterton Williams, columnista de Harper’s y autor de Self-Portrait in Black and White: Unlearning Race. Tras la publicación, Williams tuiteó: “Esta carta abierta es una señal de apoyo a aquellos que se han sentido aislados o incapaces de expresarse libremente sin temer una represalia. Aquí hay muchas, muchas personas que pueden no estar de acuerdo con todo pero que se unen contra la censura en cualquiera de sus formas”.

Sesgar la mirada sobre la realidad desde una perspectiva tamizada por la ideología es otra forma de censura, como estamos reviviendo en América Latina donde la polarización política ha impregnado a las redes sociales con un nivel de intolerancia y de toxicidad tan pernicioso como el nuevo coronavirus. A modo de ejemplo, el uso de bots capaces de simular el comportamiento humano en internet con la saturación de mensajes, pero, peor aún, un activismo real y frenético en Facebook, Twitter o Instagram a favor de tal o cual liderazgo político, es otra forma de intimidación para provocar un estado de temor en la audiencia forzándola a la autocensura o la sumisión. Como si un ejército de Grandes Hermanos nos gobernara hoy desde las pantallas, aunque sin necesidad de recurrir a enormes murales en cada rincón de la sociedad como en la Oceanía de George Orwell, infundiendo una política de miedo y de reverencia extrema hacia los gobernantes, y castigando el pensamiento individual como una “traición a la sociedad”.

El impulso de muchos es el de abandonar las redes ante la imposibilidad, como apunta la carta, de “exponer, argumentar e intentar convencer” frente a la arremetida del “pensamiento único”; un concepto descrito por primera vez en 1819 por el filósofo alemán Arhur Schopenhauer como “un sistema de pensamiento que se sostiene a sí mismo”. Herbert Marcuse enriqueció esta categoría como el resultado del “cierre del universo del discurso” impuesto para él por la clase política dominante y los medios suministradores de información de masas. En su unicidad, dijo Marcuse, “el universo del discurso está poblado de hipótesis que se autovalidan y que, repetidas incesante y monopolísticamente, se tornan en definiciones hipnóticas o dictados”. En eso estamos. Pesimistas como Schopenhauer.



*Periodista y poeta argentina-mexicana. Miembro de la Asociación Mexicana de Traductores Literarios (Ametli). Editora de Diarios de Covid-19.

Primeras lecciones del encierro

28 de junio de 2020

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                                                                                    A Alice, Susy y Lorraine

El confinamiento afecta desde marzo a millones de personas en todo el planeta, y los expertos reflexionan sobre el impacto del “mayor experimento psicológico de la historia”

Por Irene Selser*

Si en estos 100 días no me he vuelto loca, es que ya lo estaba un poco desde antes…”, me dijo entre divertida y socarrona una amiga muy querida que esta semana me visitó por primera vez desde el 19 de marzo, ambas con riguroso barbijo y manteniendo naturalmente la (in)sana distancia.

Sentadas en sendos sillones de la sala a unos cuatro metros de distancia, y luego de que ella mudara de ropa apenas llegar, me presumió sus calzas de “huellitas”, muy ad hoc para la ocasión, luego de quitarse los tenis que recuperó de la puerta al momento de irse dos horas después. Yo le tenía guardada una máscara de mica del pelo a la barbilla y se la obsequié gustosa, como antes nos hubiéramos regalado un buen libro o un kilo de aromático café.

Platicamos, vimos la telenovela “Te doy la vida”, en el Canal de las Estrellas, donde actúa una de mis hijas y nos reímos bastante, además de compartir toda suerte de planes –asidos, naturalmente, al imponderable hilo de la incertidumbre.

Pero vernos en persona fue todo un acontecimiento que no se compara con los enlaces vía Zoom o las video llamadas por WhatsApp; que, no obstante, han remediado en algo la difícil ausencia física de familiares, amigos, mascotas… Y mi habitual Tertulia de los Viernes, recibiendo complacida en mi casa una vez al mes a mis colegas traductores y poetas, psicólogas, periodistas, directores de teatro, músicos y el mejor astrólogo al estilo de las que cada martes hacía en su casa parisina Stéphane Mallarmé. 

El sismo de 7.5 grados Richter que el martes 23 de junio detuvo de nuevo el corazón de México, sumó miedo y zozobra a esta “temporada en el infierno” –como dice otra amiga, “pensar que éramos felices y no lo sabíamos…”–, donde el humor ha salido al quite con memes de antología, como el alusivo a la kilométrica nube de polvo del desierto que, para colmo de males, atravesó el Atlántico en estos días para cubrir desde África una parte de México y Centroamérica. Junto al rostro de un joven y atractivísimo royalty árabe que observa de soslayo hacia la cámara, se puede leer: “¡Llegó el polvo del Sahara!”.

Los memes y otros imaginativos recursos de la revolución digital, que como el Covid-19 llegó para quedarse, han servido para acercarnos y hacernos sonreír simultáneamente desde Buenos Aires, París, Managua o Nueva York; un alivio momentáneo al trauma de esta dolorosa experiencia colectiva –me atormenta el incesante ulular de las ambulancias que atraviesan sin horario las calles para que no nos olvidemos de que, a pesar de la indolencia del discurso oficial y como el dinosaurio de Augusto Monterroso, el virus todavía sigue ahí–, con el telón de fondo de esta pesadilla sanitaria –el gobierno de China aún nos debe una explicación, no me cansaré de repetirlo– que ya es también económica, política, social, laboral y emocional.

Al respecto, y según la doctora Elke Van Hoof, profesora en Psicología de la Salud de la Universidad de Vrije en Bruselas y especialista en estrés y trauma, este confinamiento es el “mayor experimento psicológico de la historia”.

Cuando un tercio de la población mundial, unos 2.6 mil millones de personas, está bajo algún tipo de cuarentena, la doctora Van Hoof consideró que estos largos meses de encierro pueden llevar a consecuencias psicológicas en gran parte de la población y que el mundo “va a pagar el precio” por la falta de atención de las autoridades al nivel emocional.

En declaraciones a la cadena BBC Mundo (https://www.bbc.com/mundo/noticias-53117592) en momentos en que el Covid-19 ha contagiado a más 9 millones de personas en el planeta y matado a casi 500 mil, la doctora Van Hoof se mostró sin embargo optimista porque, al menos, esta pandemia nos está enseñando cómo las personas pueden responder ante la adversidad.

“Lo primero que vemos es que tenemos resiliencia, es decir que la mayoría de nosotros podemos reinventarnos y recrear nuestra vida lo mejor posible durante la cuarentena”, consideró.

Agregó que “tenemos la fortaleza para convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos, sin importar en la difícil situación en la que nos encontremos. Así que espero que el mensaje de esperanza llegue”.

Lo segundo que se observa, dijo Van Hoof, “es que contamos con habilidades y capacitación para hacerlo aún mejor, porque la resiliencia es algo en lo que podemos capacitar a las personas”.

Van Hoof hizo la salvedad de que estas dos primeras enseñanzas no son aplicables a aquellos que han enfrentado la enfermedad en unidades de cuidados intensivos o si tuvieron un familiar enfermo o fallecido.

“Allí vemos que hay un gran nivel de estrés tóxico que debemos abordar y que necesitamos monitorear. También prevemos que haya en esa población una respuesta tardía de tres a seis meses después del final de la pandemia. Por lo tanto, todavía no tenemos un buen panorama del alcance de lo que estamos enfrentando. Este período de pandemia y la longevidad de las posibles consecuencias es algo para lo que no estamos bien preparados. Es realmente un gran desafío”, reconoció.

Cuestionada sobre su afirmación de que la cuarentena es el mayor experimento psicológico de la historia, la doctora dijo que “no sabemos cómo responderán las personas. Previamente pusimos a personas encerradas con el brote del ébola, pero eso fue algo local, en una escala menor y solo en algunos países”.

En cambio, “ahora tenemos empresas que tuvieron que cerrar y un tercio del mundo confinado. Entonces no tenemos ningún modelo, no sabemos qué va a pasar. Y eso para mí es la definición de un experimento”.

Sobre las posibles consecuencias mentales de poner a las personas en cuarentena, Van Hoof enumeró varias:

“Las primeras pueden ser la sensación de estar abrumado, no poder hacer frente (a las obligaciones), tener problemas para dormir, volverse más irritable… Si tienes una estructura familiar, entonces no estás solo. Pero si no la tienes, todo se torna bastante solitario”, dijo.

También, “muchas personas han estado o están en cuarentena más de dos meses, con solo el contacto social de ir al supermercado o conectarse en línea en una reunión o encuentro social. Así que los sentimientos de soledad han aumentado mucho”.

Al mismo tiempo, consideró que cuando nos golpea una pandemia de tal magnitud, “también tendemos a ser más solidarios y a tener un mayor sentimiento de cohesión social porque todos sentimos lo mismo. Hay malas consecuencias, pero también hay algunas esperanzadoras”.

Desde luego con las personas vulnerables es otra cosa, dijo: “Hay un alto riesgo de que sus condiciones hayan progresado o que tengan que enfrentar desafíos adicionales. Me refiero al abuso de sustancias, al abuso físico o las que experimentan abuso de poder. Para esas personas que ahora están encerradas, veremos cuáles son las consecuencias dentro de un par de meses. Los números varían en todo el mundo, pero hay riesgo de que la violencia haya aumentado en los hogares. Esa no es una muy buena señal porque indica que la cuarentena tiene un efecto severo en las personas”.

También alertó sobre los posibles síntomas de estrés a tener en cuenta como por ejemplo “sentirse más ansioso, presión en el pecho, falta de aire, no dormir bien, estar más irritable, volverse demasiado emotivo…”, si bien todo esto “son respuestas normales a una situación excepcional”, dijo.

En realidad “es una señal de que el cuerpo y el cerebro están tratando de adaptarse a la nueva realidad”.

*Periodista y poeta argentina-mexicana. Miembro de la Asociación Mexicana de Traductores Literarios (Ametli). Editora de Diarios de Covid-19.


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Planeta Asfixia

14 de junio de 2020

En todo el planeta, sociedad civil y pensadores se preguntan qué podemos hacer, una vez que la pandemia haya pasado, para cambiar un modo de vida que nos ha llevado al colapso

Por Irene Selser*

No es sólo que no reparara en ellas: las aves canoras del viejo árbol de colorín de mi ventana simplemente no cantaban. Gorriones menudos como un soplo al decir de Serrat, replegados desde hace años en el silencio sin poder celebrar como hoy la vida en las mañanas. De hecho, también el colorín luce ahora más frondoso después de casi cuatro meses de respirar aire limpio y sin ruidos estridentes, lejos del ahogo cotidiano en la ciudad más grande del mundo. Una asfixia más prolongada que los 8 minutos con 46 segundos que demoró la rodilla blanca y brutal del oficial de policía Derek Chavin, de Powderhorn, Mineápolis, en acabar, presionando su cuello, con la vida de George Floyd. El afroamericano de 46 años cuyo homicidio desató una nueva oleada de protestas en los Estados Unidos contra el racismo, la xenofobia y los abusos policiales al grito de “I can’t breathe”. El clamor agónico de Floyd, esposado y en el suelo, se extendió a otras ciudades del mundo que recordaron metáforicamente su propia asfixia coreando “¡No puedo respirar!”.

De Sidney a París, y pese a la emergencia sanitaria, millares de personas exigieron en las calles justicia para la familia de Floyd identificando, de paso, sus propios problemas de discriminación racial, social o laboral.

Es el caso de Francia donde unas 20 mil personas se reunieron junto al Tribunal del Palacio de Justicia evocando a Adama Traoré, el joven de 24 años que murió otro 25 de mayo, pero de 2016 en la estación de Policía de Persan, un suburbio en el norte de París, en custodia de agentes locales que lo inmovilizaron bajo su peso hasta causarle la muerte; siendo los oficiales exonerados.

Con apenas 15 años, también murió de asfixia en Nicaragua el estudiante Álvaro Conrado, del jesuita Instituto Loyolade Mangua. Fue una de las víctimas más jóvenes de la represión de las protestas estudiantiles que estallaron el 18 de abril de 2018 en ese país centroamericano, cuna de poetas, de dictaduras y revoluciones y el segundo más empobrecido de América Latina. Alvarito protestaba contra la opresión de la dinastía de Daniel Ortega y Rosario Murillo, y murió a causa de un balazo policial en el cuello el 20 de abril de ese año, mientras era trasladado de una clínica a otra, luego de que personal del Hospital Cruz Azul en Managua se negara a atenderlo por órdenes oficiales. “Me duele respirar”, fueron las últimas palabras que el joven estudiante pronunció mientras era asistido por sus desesperados compañeros de protesta.

La violación a los derechos humanos no cesa desde entonces enNicaragua, donde de manera criminal el régimen ha optado por negar la existencia del Covid-19 y evitar así tener que invertir en salud; empujando a la gente al contagio masivo al promover actividades turísticas, barriales o festivas, y prohibir el uso de cubrebocas para “no asustar a la población”.Y si bien hasta la fecha la dictadura Ortega-Murillo acepta 1.464 casos ligados al virus y 55 muertes, el independiente Observatorio Ciudadano Covid-19 reportaba hasta el 3 de junio 4.217 contagiados y 980 fallecidos.

Con apenas 6.5 millones de habitantes, en Nicaragua además ya han muerto infectados al menos 30 doctores y personal de salud, según la Asociación Médica Nicaragüense. En los últimos días, más de una docena de médicos de hospitales estatales fueron despedidos por criticar la gestión de la pandemia, lo cual fue cuestionado por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Oacnudh), que también denunció actos contra la libertad de expresión. Con decenas de periodistas contagiados y varios fallecidos por el virus, el régimen criminaliza la difusión de las noticias. Como ocurrió con el ex manager del equipo San Fernando de beisbol, el deporte nacional, Norman Cardoze, despedido esta semana por narrar a la prensa local e internacional su calvario como paciente de Covid-19. Él y su hijo de igual nombre, bateador estrella del equipo, sobrevivieron tras una internación de una semana; no así su entrenador Carlos Aranda a quien Cardoze, de 48 años, vio morir por asfixia en la cama de junto, además de a otra decena de pacientes. Entierros “exprés” por parte del régimen se realizan de noche y bajo la lluvia, como revela un reportaje gráfico de la agencia AFP, para ocultar a los muertos y enmascarar los decesos por coronavirus como “neumonía atípica”. (https://www.infobae.com/america/fotos/2020/06/09/de-noche-y-bajo-la-lluvia-los-entierros)

Cabe recordar que las protestas de 2018 en Nicaragua se desataron contra el intento de cambiar el sistema de pensiones; algo que también ha pretendido hacer en Francia el gobierno de Emmanuel Macron. Millares de franceses con chalecos amarillos (los “gilets jaunes”) salieron ese mismo año a las calles –y hasta febrero pasado– para protestar contra los cambios en el plan de jubilación, cuando en Europa y resto del mundo la cifra de personas en edad de retiro ha crecido más que aquellas en edad productiva para sostener el sistema.

Eliminar subsidios, reducir salarios, aumentar impuestos y elevar la edad del retiro son el eje de los programas de austeridad que los Estados vienen aplicando con rigor desde la crisis financiera de 2008-2009, y según los expertos dichos programas se agudizarán hasta el “ahorcamiento” a raíz de la pandemia.

Los gilets jaunes exigen a la vez un nuevo tipo de repartición de la riqueza frente a las grandes desigualdades que ya existían antes de la epidemia del Covid-19 (a. C., como si se tratara de una era…), la cual ha propiciado en el planeta la quiebra de pequeñas y medianas empresas, el alza masiva en el desempleo y una nueva oleada de marginación de grandes masas de la población.

Como en Argentina, España o México la demanda a los gobiernos de una “respuesta inclusiva para todos” y no sólo para los más pobres­ –teniendo en cuenta el papel de las clases medias como principal creadora de empleos y sostén del Estado por la vía de los impuestos–, marcará sin duda la agenda de las nuevas movilizaciones en medio del colapso sin precedente de la economía mundial. Según el Banco Mundial, el planeta registrará este año una drástica contracción de hasta 5.2 %, la peor recesión desde la II Guerra Mundial. Para América Latina y Caribe la actividad económica caerá 7.2 por ciento.

Además del desempleo masivo, dos sectores de por sí ya críticos de la población mundial se verán especialmente afectados: la tercera edad y los 1.000 millones de discapacitados que ya padecían condiciones de vida asfixiantes antes de diciembre de 2019. Los discapacitados son el sector que sufre mayores tasas de abandono, violencia y abusos (ONU), mientras que la población mayor de 60 años se multiplicará casi por dos de aquí al 2050, pasando del 12 al 22 % mundial. Serán 2.000 millones en 30 años, un alza de 900 millones frente a 2015. Un 80% de todas las personas mayores vivirá en países de ingresos bajos y medianos, lo que augura peores condiciones de vida y salud que en la actualidad.

En efecto, el letal microbio surgido supuestamente de un conocido mercado de animales en la ciudad china de Wuhan (centro), ha puesto de relieve con todo su dramatismo la fragilidad de los ancianos en medio de sistemas de salud previamente colapsados. Según el jefe de la ONU, Antonio Guterres, el número de fallecidos por Covid-19 en residencias de ancianos representa desde 19 % de las muertes en algunos países hasta un “increíble” 72 % en otras naciones.

En medio de la incertidumbre, y mientras el régimen de Pekín –que aún debe aclarar a la humanidad si el nuevo coronavirus SARS-Cov-2 tiene un origen natural o artificial–recrudece su ofensiva para terminar de asfixiar las pocas libertades que quedan en la provincia autónoma de Hong Kong, las previsiones del Banco Mundial ahogan el optimismo.

Sumándose a las voces de filósofos, escritores, sociólogos y economistas que pronostican una calamidad en la era pos Covid-19, Ceyla Pazarbasioglu, alta ejecutiva del Banco Mundial, advirtió que “las perspectivas dan mucho que pensar, ya que es probable que la crisis deje cicatrices difíciles de borrar y que plantee complejos desafíos mundiales. Nuestra primera prioridad es abordar la emergencia mundial en materia sanitaria y económica. La comunidad mundial debe unirse para lograr una recuperación lo más sólida posible e impedir que más personas caigan en la pobreza y el desempleo”.

La pregunta es si queremos “recuperar” el modo de vida que nos llevó al colapso con condiciones de vida, de salud y de trabajo cada vez más indignas desde hace varias décadas, la destrucción de ecosistemas terrestres y marítimos, y el riesgo de extinción para un millón de especies.

De hecho, si previo a la pandemia la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza con sede en Gland, Suiza, había advertido que al menos 8 millones de toneladas de plástico terminaban en los océanos, es decir 80 % de toda la contaminación marina, nuevas alarmas se han encendido con la invasión en las playas de guantes de plástico y barbijos.

“Este verano, ¿les gustaría nadar con Covid-19? A sabiendas de que se han encargado más de 2.000 millones de barbijos desechables, pronto se corre el riesgo de ver más barbijos que aguas vivas en las aguas del Mediterráneo”, alertó en mayo al canal France 3 el buceador francés Laurent Lombard, fundador de la asociación Opération Mer Propre (Operación Mar Limpio), preocupadocomo muchos otros ecologistas por el nuevo desastre ambiental en puerta. Mientras, por todas partes la también nueva y asfixiante industria política de las fake news, imparable desde el triunfo de Donald Trump con su intención deliberada de confundir y engañar, busca minimizar el impacto aduciendo que “no hay problema, los barbijos son biodegradables…”.

Como afirma el filósofo francés Bruno Latour (https://diariosdecovid19.com.mx/mirador-viral/), debemos evitar que la “nueva normalidad” traiga consigo el modelo de producción pre-crisis que, en medio de la suma de desastres, mantenía en la asfixia a los gorriones del árbol de colorín que hoy cantan en mi ventana.

*Periodista, poeta y traductora, editora en jefe de Diarios de Covid-19. Email: iselser@yahoo.com, diariosdecovid@gmail.com Facebook: Irene Selser


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¿Cómo hacer para cambiar el mundo pre-Covid?

7 de junio de 2020

En todo el planeta, sociedad civil y pensadores se preguntan qué podemos hacer, una vez que la pandemia haya pasado, para cambiar un modo de vida que nos ha llevado al colapso

Por Irene Selser

Entre los muchos intelectuales que están reflexionando sobre cuál será la humanidad por venir y qué podemos hacer –y exigir que los Estados hagan– para evitar la vuelta al modelo de producción de la precrisis, está Bruno Latour, filósofo y sociólogo francés (1947), especialista en estudios de Ciencia, Tecnología y Sociedad.

Para Latour, en momentos en que el mundo sigue batallando contra la pandemia y los muertos superan los 400 mil, es ahora cuando debemos asegurar que la “nueva normalidad” planetaria no traiga consigo al antiguo régimen climático.

Como tantos otros, Latour no duda en articular la actual pandemia con la crisis ambiental del último medio siglo que ha sumido al planeta en esta “mutación ecológica duradera e irreversible” y de la cual, advierte, “no tenemos ninguna posibilidad de salir” en caso de continuar en la misma vía, aunque sí tengamos “buenas posibilidades de salir” de la crisis viral.

Estas reflexiones fueron publicadas originalmente en AOC bajo el título “Imaginer les gestes-barrières contre le retour à la production d’avant crise” (https://aoc.media/ opinion/2020/03/29), siendo también Latour un reconocido antropólogo autor entre otros libros de Nunca fuimos modernos, La vida en el laboratorio, Modos de existencia y Reensamblar lo social: una introducción a la teoría del actor-red.

En su Teoría del Actor Red, Latour propone comprender la conformación de “lo social” como algo no preestablecido, sino en constante movimiento y con la participación activa de agentes humanos y no humanos (objetos, ideas, discursos, etc.) y ofrece soluciones prácticas para ayudar a los lectores a un cambio de paradigma a fin de abordar de otra manera, mucho menos lineal, los estudios de las ciencias sociales.

Ante el Covid-19, Latour nos invita a un ejercicio práctico de preguntas y respuestas que más adelante compartimos, para hacer posible un cambio de paradigma mundial contra el modelo actual.

Según Latour, la primera lección del coronavirus es también la más contundente: “la prueba está hecha, es totalmente posible, en cuestión de semanas, suspender en todo el mundo y al mismo tiempo un sistema económico que, hasta ahora nos habían dicho, era imposible de frenar o redirigir”.

En efecto, frente a todos los argumentos de los ecologistas sobre la necesidad de cambiar nuestros modos de vida, se opuso siempre el argumento de los Estados y poderes sobre la fuerza irreversible del “tren del progreso (…) que por nada podría salir de sus rieles; ‘a causa de’, se decía, ‘la globalización’. Ahora, es justamente su carácter de global lo que vuelve tan frágil este famoso desarrollo, susceptible, al contrario, de frenar y detenerse de manera abrupta”.

Para los globalizadores, agrega, la ocasión es perfecta para “liberarse de los restos del Estado benefactor, de la red de seguridad de los más pobres, de aquello que queda de las reglamentaciones contra la contaminación y, todavía más cínicamente, de deshacerse de toda esa gente en exceso que atiborra al planeta”.

Pero, subraya, lo que vuelve a los globalizadores tan peligrosos, “es que forzosamente saben que han perdido; que la negación del cambio climático no puede durar indefinidamente, que no existe ya ninguna oportunidad de reconciliar su ‘desarrollo’ con los diversos revestimientos del planeta, en donde habrá que terminar insertando a la economía. Esto es lo que los dispone a intentarlo todo para obtener, una última vez, las condiciones que les permitirán existir un poco más de tiempo y ponerse a salvo junto con sus hijos”.

Y es aquí donde debemos actuar: “Si la ocasión se abre a ellos, se abre también a nosotros. Si todo se detuvo, todo puede ser puesto en tela de juicio; cuestionado, seleccionado, ordenado, interrumpido de una vez por todas o, al contrario, acelerado. El inventario del año, es ahora qué debe hacerse. Si el sentido común nos dice: ‘Reiniciemos la producción lo más rápido posible’, debemos gritarle de vuelta: ‘¡Por supuesto que no!’. Lo último que deberíamos hacer es retomar de manera idéntica todo aquello que hacíamos antes”.

Así, nos propone un ejercicio:  “Utilizar este tiempo de confinamiento forzado para describir, primero de manera individual y después en grupo, aquello a lo que estamos apegados; aquello de lo que estamos dispuestos a liberarnos; las cadenas que estamos listos a reconstituir y aquellas que, a través de nuestro comportamiento, estamos decididos a interrumpir”.

No se trata sólo de expresar una opinión, dice, sino de describir una situación e incluso iniciar una pequeña encuesta con una lista de las actividades de las que nos sentimos privados a causa de la crisis actual y que percibimos incluso como un atentado a nuestras condiciones esenciales de subsistencia. Por cada actividad, indiquemos si nos gustaría que estas regresaran tal y como eran antes, con mejoras, o que no regresaran en lo absoluto.

He aquí las preguntas:

Pregunta 1. ¿Cuáles de las actividades que se encuentran actualmente suspendidas le gustaría que no fueran reanudadas?

Pregunta 2. Describa a) por qué esta actividad le parece nociva / superflua / peligrosa / incoherente; b) en qué medida su desaparición / puesta en espera / sustitución volvería otras actividades que usted prefiere más fáciles / coherentes? (Escriba un párrafo distinto por cada una de las respuestas de la primera pregunta).

Pregunta 3. ¿Qué medidas recomienda para que los obreros / empleados / agentes / empresarios que no podrán continuar en las actividades que usted ha eliminado, vean facilitada su transición hacia otras actividades?

Pregunta 4. ¿Cuáles de las actividades que se encuentran actualmente suspendidas le gustaría que se desarrollaran / reanudaran o fueran creadas desde cero?

Pregunta 5. Describa a) por qué esta actividad le parece positiva; b) cómo vuelve más fáciles / armoniosas / coherentes otras actividades que usted prefiere; y c) ¿estas actividades permiten luchar contra aquellas que usted considera desfavorables? (Escriba un párrafo distinto por cada una de las respuestas de la cuarta pregunta).

Pregunta 6. ¿Qué medidas recomienda para ayudar a los obreros / empleados / agentes / empresarios en la adquisición de las capacidades / medios / ingresos / instrumentos que permitan la reanudación / desarrollo / creación de esta actividad?

Una vez contestadas las preguntas, Latour nos sugiere encontrar un medio para comparar su descripción con la de otros participantes. La compilación y la posterior superposición de respuestas debería esbozar, poco a poco, un paisaje compuesto de líneas de conflicto, de alianzas, de controversias y de oposiciones.

Sin duda, un interesante y retador ejercicio para involucrarnos de manera crítica y beligerante en el mundo que queremos después del Covid-19…

*Periodista, poeta y traductora, editora en jefe de Diarios de Covid-19. Email: iselser@yahoo.com, diariosdecovid@gmail.com Facebook: Irene Selser


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El futuro de la educación

24 de mayo de 2020

“Educación presencial, lo único que
da sentido a la enseñanza”: Nuccio Ordine

Por Irene Selser*

En estos meses de emergencia planetaria, las redes sociales han dado lo mejor de sí –y también, ciertamente, lo peor– como instrumentos de información y comunicación masiva, instantánea y simultánea capaces de informar, de debatir y de interactuar como ningún otro medio en aras del bien común. Noticias, documentos, entrevistas, testimonios, crónicas, fotografías o videos que nos ayudan a reflexionar sobre el estado actual de cosas y de cómo hemos llegado a esta crisis –más allá de que el virus de Covid-19 sea un producto natural o artificial, lo cual aún está por aclararse.

Lo más relevante sin duda es que este microbio no solo está poniendo a prueba nuestra capacidad de resistencia como especie humana -en riesgo de extinción por la destrucción de los ecosistemas-, sino que viene a reconfirmar de manera irrefutable el fracaso de la mayoría de los modelos políticos, económicos, sociales y ambientales, incapaces de proteger hoy a una población inerme ante el virus y no sólo de la tercera o cuarta edad. Constatamos asimismo el nivel de desastre de la mayoría de los sistemas de salud, mientras las sociedades se preguntan cómo será la educación del futuro en medio de este aleccionador desastre planetario.

Es el tema que aborda en un video en Facebook el filósofo Nuccio Ordine, también escritor y profesor de Literatura italiana en la Universidad de Calabria, en el extremo sur de Italia, la región menos castigada en ese país que, al 21 de mayo, sumaba apenas 96 muertes y 1.800 casos confirmados, frente a los 227.000 contagiados y casi 32.350 fallecidos en toda Italia desde marzo.

En una grabación casera, la cual transcribimos aquí, sentado el maestro “en el mejor rincón de mi casa, junto a mis libros”, Nuccio Ordine (Diamante, Calabria, 1958) lanza en un perfecto español “una voz de alarma” ya que, dice, “le inspiran terror los elogios que están propagando en estas semanas los cantores de lo virtual, de la enseñanza telemática”, a propósito del recurso a la teleeducación del cual han tenido que echar mano los centros educativos de todo el mundo en esta contingencia.  (http://www.facebook.com/170506213454467/posts/588390924999325/?sfnsn=wa&d=w&vh=e).

Aclara Ordine, uno de los mayores conocedores del Renacimiento y del pensamiento de también filósofo italiano Giordano Bruno, que “ahora es inevitable lo virtual para salvarnos durante el desastre”. Pero lo que le preocupa, es “quienes consideran el coronavirus como una oportunidad para dar el tan esperando ‘salto adelante’”.

Ordine rebate a los que en distintas partes del mundo creen que ya no se podrá volver a la educación tradicional, porque hay que imaginar “una didáctica híbrida con algunas clases en las aulas y otras a distancia”, y dice que “mientras el entusiasmo de los partidarios de la didáctica del futuro se expande como una ola, yo siento la incomodidad del que vive en un mundo en el que ya no se reconoce”.

“En medio de tantas incertidumbres yo he madurado una certeza: el contacto con los alumnos en el aula es lo único que puede dar verdadero sentido a la enseñanza e incluso a la propia vida del docente”, asegura el maestro, Orden al Mérito de la República Italiana 2018 y Comendador de la Orden de las Palmas académicas de Francia 2014, entre muchas otras distinciones y reconocimientos internacionales.

“En 30 años de servicio –añade– nunca había imaginado clases, exámenes ni graduaciones a través de una fría pantalla. Por eso me da una pena terrible pensar en el riesgo de que en otoño haya que reanudar los cursos utilizando la didáctica digital.”

Para este académico, cuyos libros han sido traducidos a diferentes idiomas, es impensable una educación sin poder mirar “los ojos de los estudiantes”.

“¿Cómo podré arreglármelas sin los ritos que han dado vida y alegría a mi oficio desde hace décadas? ¿Cómo podré mirar a los ojos a mis estudiantes sin reconocer en sus rostros los gestos de desaprobación o los gestos de complicidad?”, se pregunta Ordine, autor entre muchos otros títulos de El umbral de la sombra (La soglia dell’ombra, 2009), La utilidad de lo inútil (L’utilità dell’inutile, 2013), Clásicos para la vida. Una pequeña biblioteca ideal (Classici per la vita. Una piccola biblioteca ideale, 2016) y Una escuela para la vida (Universidad de Valparaíso, 2018).

“Las escuelas y las universidades, sin la presencia de alumnos y profesores, se volverían espacios vacíos privados del soplo vital”, enfatiza este profesor de la vieja escuela que no oculta su pasión por la enseñanza como la conocíamos antes.

Y lanza esta frase, sin duda luminosa, que apunta al centro de la polémica en la era digital:

“Los estudiantes no son recipientes para ser llenados con nociones, son seres humanos que necesitan al igual que los profesores dialogar, interactuar y reconocerse en la experiencia vital de estar juntos para aprender”.

“A los jóvenes –prosigue– ya no se les pide que estudien para mejorar, para hacer del conocimiento un instrumento de libertad, de crítica, de compromiso civil. No, no, a los jóvenes se les pide que estudien para aprender un oficio y ganar dinero”.

Para Ordine, “se ha perdido la idea de la escuela y la universidad como una comunidad en la que se forman los futuros ciudadanos, que podrán ejercer su profesión con una fuerte convicción ética y un profundo sentido de la solidaridad humana y del bien común”.

Y es que, en estos meses de confinamiento, “estamos dándonos cuenta como nunca quelas relaciones humanas, no las virtuales, las reales, están transformándose cada vez más en un artículo de lujo. Lo profetizó Antoine de Saint-Exupéry cuando dijo que no existe más que un verdadero lujo, el de las relaciones humanas”.

El confinamiento –esta experiencia tan dura para la mayoría de la gente que puede estar en casa–, le hace decir a Ordine que “estamos olvidando que, sin la vida comunitaria, sin los rituales que regulan los encuentros entre profesores y alumnos en las aulas, no puede haber ni transmisión del saber ni formación auténtica”.

De ahí concluye con esta hermosa y categórica frase: “Ninguna plataforma digital, tengo que subrayarlo, ninguna plataforma digital puede cambiar la vida de un estudiante. Solo los buenos profesores pueden hacerlo”.

A propósito de las inquietudes del filósofo Ordine, un reporte del portal de noticias argentino Infobae que cita a UNESCO, (https://www.infobae.com/educacion/2020/04/14/188-paises-cerraron-sus-escuelas) dio cuenta el 21 de mayo que si bien 188 de los 194 países en el mundo cerraron sus escuelas -entre ellos Nicaragua, donde el gobierno ha alentado de manera criminal los contagios masivos y negado la pandemia-, solo la mitad promueve la educación a distancia.

Así, como parte de este fenómeno nunca visto, el 91.3% de los alumnos a nivel global, niños y jóvenes, unos 1.600 millones en total, no tienen desde marzo clases presenciales por lo que, destaca UNESCO, “preocupa la falta de interacción entre alumnos y docentes”.

Francia es uno de los países que, en plena pandemia, aprobó el regreso a clases escalonado, voluntario y bajo estricto control sanitario a partir del 12 de mayo, pese a la polémica abierta entre padres y profesores, temerosos de que la salud de los alumnos y la propia esté en peligro o si habrá un repunte de los contagios. Francia se mantenía al 21 de mayo en el séptimo puesto a nivel mundial en la cifra total de contagiados –si bien estas van en descenso– con 144 mil casos y más de 28.200 muertos para un total en el planeta de más de 5 millones de personas contagiadas y 328 mil muertos.

Según un sondeo de Odoxa-Dentsu Consulting para el diario Le Figaro y France Info, 82% de los padres apoyaron una vuelta a clase con carácter voluntario. Para los niños que se queden en casa, es obligatorio que sigan con la educación virtual. Las vacaciones escolares de verano comienzan oficialmente en Francia el 4 de julio. El regreso el 12 de mayo fue concebido como un ensayo general de lo que puede pasar en septiembre cuando todos los alumnos tengan que incorporarse a clase.

Lo interesante es que el ministro de Educación francés, Jean-Michel Blanquer, se ha pronunciado a favor de reabrir la mayoría de las escuelas primarias en todo el territorio, así  como la mayoría de las escuelas secundarias en “zona verde”, es decir, las menos afectadas por el coronavirus, en el entendido de que, como sostiene Nuccio Ordine, la educación “presencial” es inherente a la mejor enseñanza; lo cual nos da esperanzas, por ser el país galo una referencia educativa mundial, de que la virtualidad solo debe ser vista como un recurso emergente, aplicable tan solo en situaciones extremas como lo es la actual pandemia.

*Periodista, poeta y traductora, editora de Diarios de Covid-19. Email: iselser@yahoo.com, diariosdecovid@gmail.com Facebook: Irene Selser


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Chocan científicos por el Covid-19, ¿natural o artificial?

18 de mayo de 2020

Categórico, el virólogo francés Luc Montagnier, Premio Nobel de Medicina 2008 y co-descubridor en 1983 del virus VIH causante del Sida, dijo el 17 de abril en entrevista con el canal France TV que “hubo una manipulación profesional de biólogos moleculares” del virus de Covid-19, detectado en Wuhan, China, en diciembre pasado.

Según el científico, al virus clásico del murciélago “alguien añadió algunas secuencias de VIH” con la intención, quizá, de “crear una vacuna contra el Sida”, pero se les escapó…

Sin mencionar a los responsables, Montagnier abonó sin embargo a los rumores que desde el inicio involucraron a un conocido laboratorio de virología de Wuhan como el responsable de la propagación involuntaria del síndrome respiratorio agudo grave o SARS-CoV-2 causante del virus Covid-19.

“Estados Unidos no solo lo sabe, sino que ha financiado parte de la investigación realizada en ese laboratorio. Esto está publicado, o sea que no es solo un asunto chino”, aseguró Montagnier a propósito de la posible manipulación genética del nuevo coronavirus, poniendo en entredicho la investigación de un equipo de científicos del Scripps Research Institute, con sede en La Joya, California, encabezado por el infectólogo Kristian Andersen cuyo ensayo “The proximal origin of SARS-CoV-2” (Una aproximación al origen del SARS-CoV-2) publicado en la revista Nature Medicine el 17 de marzo concluye que el Covid-19 puede tratarse de una nueva forma posible de coronavirus capaz de afectar al ser humano: “la combinación entre dos coronavirus en la naturaleza” proveniente de dos animales, antes de infectar a los humanos.   

La investigación de Andersen, citada ya en este espacio, descarta que el virus haya sido creado en un laboratorio o diseñado de otra manera, como lo explicó a su vez a la cadena BBC de Londres el doctor Robert E. Garry, profesor de la Universidad de Tulane y uno de los miembros del equipo de California.

Pero la teoría del doctor Montagnier, en la misma línea de las acusaciones contra China por parte del Departamento de Estado de Estados Unidos, que desde el inicio de la pandemia responsabilizó al laboratorio de Wuhan –al cual financia parcialmente– por un grave fallo en los protocolos de seguridad en relación con el Covid-19, ha sido desmentida por el escritor científico Felix Bast, profesor asociado en la Universidad Central de Punjab, India. El artículo de Bast fue publicado en la revista Medium y reproducido con su autorización el 22 de abril en Science The Wire.

Bast es contundente al afirmar que el Nobel Montagnier “está equivocado” respecto del origen artificial del Covid-19 y dice que “es sorprendente” que un científico de su talla haga declaraciones “tan cuestionables”; aunque, añade, el propio Montagnier es “una figura controvertida” entre los científicos, entre otros motivos “por apoyar a los anti-vacuna, a la homeopatía y por la tonta afirmación de que el ADN emite ‘ondas electromagnéticas’”.

Bast contradice cada una de las afirmaciones de Montagnier y niega que la presencia en pequeña escala del virus VIH causante del Sida en el nuevo coronavirus, se deba a una manipulación genética.

El Covid-19, dice Bast, es, como el VIH, un virus ARN (que usa ácido ribonucleico como material genético o bien que en su proceso de replicación necesita el ARN) y recuerda que es sabido que muchos virus incorporan trozos de otros genomas en el suyo propio en el curso natural de la evolución, tanto de plantas como de animales. De hecho, añade, “el 43% del genoma humano está compuesto por secuencias de elementos genéticos móviles, que son los restos de las infecciones virales que nuestros antepasados experimentaron en los últimos 300.000 años”.

Bast también alude a la investigación del doctor Kristian Andersen como base científica para cuestionar a Montagnier y dice que “los elementos” de VIH hallados por este último en el SARS-CoV-2 ya habían sido descubiertos por otros científicos en el genoma de los coronavirus en 2005, tras la aparición en China en 2003 del SARS-CoV-1.

Dichos “elementos”, agrega Bast, “son necesarios para la replicación del genoma y son compartidos por muchos coronavirus. Por lo tanto, si lo que dijo Montagnier es cierto, toda la familia del coronavirus –que se originó hace más de 10.000 años– tendría que ser fabricada en laboratorio, y esto obviamente no tiene sentido”.

Bast concluye su artículo recomendando al público en general “negarse a aceptar afirmaciones sin una buena razón”, “comprobar los comentarios sospechosos” y “no amplificar la pseudociencia” en tanto las pandemias siempre “están tan cargadas de desinformación”.

Tres sugerencias sin duda muy útiles para no dejarnos arrastrar por la ignorancia y/o los intereses políticos en juego ante esta nueva y letal enfermedad, ya sea natural o manipulada, que pone en riesgo nuestra existencia misma como humanidad, sin que nadie pueda hoy afirmar con certeza cómo será el mundo que emergerá de la pos pandemia.

El problema es cómo “comprobar”, no siendo científicos los ciudadanos de a pie, “los comentarios sospechosos” y cómo identificar la “buena ciencia” a la que alude Bast en su artículo. Más aún cuando la confrontación EU-China a propósito del Covid-19, pero antes incluso, permea hoy a todo el planeta en un déjà vue de la polarización que dividió al mundo durante la guerra fría de 1945-1991 entre EU y la Unión Soviética, por lo cual cualquier eventual crítica a Pekín sobre el manejo de la crisis sanitaria se convierte absurdamente en las mentes más estrechas en una “toma de posición a favor de Trump”, lo cual contamina el sano intercambio de información y de ideas, como si no tuviéramos suficiente con el Covid-19.

*Periodista, poeta y traductora, editora de Diarios de Covid-19. Email: iselser@yahoo.com, diariosdecovid@gmail.com Facebook: Irene Selser


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Día de las Madres y violencia feminicida

10 de mayo de 2020

Para reducir los contagios, el gobierno de la CDMX ordenó con sensatez cerrar los panteones del 9 al 11 de mayo, para evitar aglomeraciones por el Día de la Madre, este domingo 10. Pero lo que aún no puede reducir es la otra pandemia: la violencia contra madres, esposas, hijas, hermanas o sobrinas, en mayor riesgo que nunca de sufrir violencia física, psicológica y/o sexual por el confinamiento y la tensión económica en las familias.

En el primer bimestre del año, antes de decretarse la pandemia, México sumó, incluyendo feminicidios, 5.751 asesinatos, de los cuales 2.858 se cometieron en febrero, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP). Del total de crímenes, los feminicidios crecieron 24%, de 74 a 92, siendo el estado de México el puntero.

Se ignoran todavía las cifras de marzo y abril, aunque organizaciones de mujeres adelantan que hay un subregistro.

Si estás en peligro, puedes llamar al colectivo originario de Veracruz, Las brujas del mar @brujasdelmar. Integran el Frente Nacional Feminista y este 9 de mayo convocaron a una protesta virtual en Twitter, hashtag #PeligroEnCasa para hacer visible la nueva violencia en confinamiento.

Otro colectivo es @EquisJusticiahttp://bit.ly/3eItYUN y en su página reporta un récord histórico de 26.171 llamadas de mujeres al 911 en marzo pidiendo ayuda. Y no fue por el Covid-19…


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