Víctor de la Cruz

Fotógrafo / Ciudad de México

Foto: Víctor de la Cruz/ Fotógrafo/ Ciudad de M´éxico.
FB: victormanuel.delacruzmartinez

Historia

Camaradas

La pobreza extrema, una situación de alta vulnerabilidad, tiene uno de sus más graves efectos en la falta de acceso a algo tan básico como los alimentos. Los pobres no tienen para comer ni para el acceso a otros servicios.
Desde hace cinco años, integrantes del comedor de la Parroquia Santa Cruz y Soledad, en la zona de La Merced (Ciudad de México) dan alimento, cada día, a unas 400 personas en situación de calle. Desde que inició la emergencia sanitaria por Covid-19, la demanda de comida aumentó.
Niñas, niños, jóvenes, migrantes, personas que perdieron su empleo: la fila es cada vez más larga para obtener las dos raciones (desayuno y comida). Tocará esperar, pero esto no importa a las decenas de personas que aquí encuentran no solo el alimento sino también la atención que no les dan las autoridades para quienes, al parecer, ellos no existen.
Camaradas.

Historia

Hombre sanitizador

Foto: Víctor Cruz/ Reportero gráfico/ Ciudad de México
FB: victormanuel.delacruzmartinez

Su trabajo es uno de los más invisibilizados, pero más solicitados durante la emergencia sanitaria.
Va vestido de blanco, la cara cubierta y como herramienta principal, el aspersor con el que arroja una mezcla de cloro y agua para desinfectar las calles.
Las imágenes de hombres blancos, como astronautas, se volvió común en muchos países donde los gobiernos aplicaron la sanitización como una campaña masiva de higiene.
Como en un operativo especial de limpieza, los sanitizadores rociaron su carga en
avenidas, parques, jardines, plazas públicas, centros comerciales, mercados, oficinas y los alrededores de hospitales.
Algunos lo hacían lentamente, con paciencia; otros, con más arrojo y velocidad, como si el chorro sanitizador fuera un proyectil capaz de aniquilar al Covid-19. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) informó recientemente que la desinfección de calles no sirve para eliminar el virus y que, incluso, plantearía un riesgo sanitario.
La sanitización, “ensuciada” por una sentencia internacional. De todos modos, sigue practicándose.

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