MIRADOR VIRAL

Cuba: pandemia, hambre y hartazgo

En medio de la tercera ola de Covid-19 y con una grave escasez de alimentos y medicinas agudizada por el bloqueo norteamericano, miles de cubanos salieron el 11 de julio a las calles en una protesta inédita, considerada un parteaguas por la disidencia interna.

Por Irene Selser*

Imagen: FB CubaEnFotos

En medio de la tercera y virulenta ola de Covid-19 que afecta a Cuba desde mayo pasado, un nuevo impulso a la resistencia interna dio esta semana el artista plástico Luis Manuel Otero Alcántara, preso desde hace un mes a raíz de las protestas del 11 de julio en La Habana y otras 40 ciudades de la isla. Se trata del proyecto titulado “Carta de Renuncia”, dirigido desde la prisión a todos los cubanos mayores de edad, sea cual sea su país de residencia, a fin de exigir la dimisión al cargo del presidente Miguel Díaz-Canel, para “facilitar/acelerar la transición de poder”, cocreando “un espacio de imaginación colectiva”.

Así lo explicó al Diario de Cuba (https://diariodecuba.com, 12-08) la curadora y activista cubana Claudia Genlui Hidalgo, miembro de la organización artística y social de corte político Movimiento San Isidro (MSI), fundado en 2018 por Luis Manuel Otero Alcántara, artista autodidacta de perfomance, junto a otros artistas e intelectuales como Denis Solís, Maykel Castillo y Carlos Manuel Álvarez. El objetivo: el pleno ejercicio de la libertad de expresión y los derechos humanos.

En su “Carta de Renuncia”, una iniciativa original como ha sido la tónica del MSI, Otero convoca a los cubanos a enviar misivas a Díaz-Canel con un texto provocador que inspire su dimisión. De un total de diez cartas, el mandatario podrá elegir la que mejor le parezca para dejar el poder.

Genlui destacó que estará publicando las cartas que le manden durante varios días, para “de alguna manera incitar a ver cómo sería ese proceso de transición o renuncia definitiva”.

“Luis Manuel toma como premisa la proyección del escritor Julio Verne, cuando imaginó el submarino sin que este aún existiera. Sigue el curso de esa matemática que maneja secretamente el ser y se pregunta: ‘¿Existe aquello que duerme detrás de los ojos?'”, agrega la curadora.

Una selección de las cartas se publicará en la fan page de Luis Manuel Otero, la página de Facebook del MSI, así como en medios de prensa y de difusión artística. 

Los trabajos deberán tener un máximo de 500 palabras y ser enviados a la dirección de correo electrónico: proyectocartaderenuncia@gmail.com en formato PDF, entre el 10 y el 22 de agosto del corriente. En el asunto se debe escribir Carta de renuncia/nombre o pseudónimo del autor. 

Otero Alcántara, de 33 años, es conocido por sus actuaciones públicas que critican abiertamente al gobierno cubano.​ Arrestado el 11 de julio fue trasladado el día 13 a una prisión de máxima seguridad fuera de la capital. Está acusado de atentado, resistencia y desacato. Solo le han permitido ver a su abogado en una ocasión, el 5 de agosto, cuando aprovechó para enviar un mensaje público a sus otros dos compañeros también encarcelados: “Dile a Maykel (Osorbo) y a Esteban (Rodríguez) que estamos conectados. Patria y Vida”.

Luis Manuel Otero aludió así al tema de la canción “Patria y Vida” (https://www.youtube.com/watch?v=pP9Bto5lOEQ), contrapunto a la legendaria consigna de Fidel Castro, “Patria o Muerte”. El tema interpretado por los artistas cubanos Gente de Zona, Yotuel Romero, Descemer Bueno, El Funky y Maykel Osorbo fue duramente criticado por el gobierno. Desde su aparición este año, la canción se ha convertido en bandera de la disidencia dentro y fuera del país, ya que en ella se resumen el hartazgo de sectores importantes de población luego de décadas de hambre, corrupción, privilegios de la élite, represión policial y falta de democracia.

Estos ejes estuvieron presentes en las protestas del 11 de julio en consignas o pancartas de cartón. De los cuatro, solo el primero podría atribuirse en forma directa e indirecta al bloqueo norteamericano, que desde 1960 ha pretendido doblegar sin éxito a la alguna vez revolución cubana, la cual se ha valido de esta medida para perpetuarse en el poder tras derrocar a la dictadura de siete años de Fulgencio Batista.

El gobierno de Díaz-Canel respondió a las protestas de los autoconvocados del 11-J con la fuerza policial, y desde entonces familiares de cientos de detenidos denuncian los abusos en las cárceles y la incertidumbre sobre la suerte corrida por los suyos.

Díaz-Canel, un ingeniero y profesor sin carisma alguno formado en las filas burocráticas del Partido Comunista cubano, sucedió a Rául Castro en octubre de 2019. Nació en 1960, dos años después de que Estados Unidos impusiera el embargo comercial a Cuba, que se prolonga hasta hoy, como respuesta a las expropiaciones de las compañías y demás propiedades de los ciudadanos estadounidenses en la isla por parte de la flamante revolución de 1959. Aunque inicialmente excluía alimentos y medicinas, en febrero de 1962 las medidas se endurecieron y las restricciones llegaron a ser casi totales. En 2017, Donald Trump congeló las medidas de apertura pactadas tres años antes por los entonces presidentes Barack Obama y Raúl Castro.

Como antecedente inmediato del 11-J está la manifestación, en noviembre de 2020, de más de  500 jóvenes del MSI que se reunieron frente al Ministerio de Cultura en solidaridad con los huelguistas de hambre, uno de ellos Otero Alcántara, en una de las mayores manifestaciones registradas contra el gobierno en décadas. Los huelguistas protestaban contra el robo de sus obras por parte de la policía que requisó sus domicilios.

El propio Díaz-Canel escribió entonces en Twitter que la huelga de hambre de miembros MSI era un “espectáculo de reality show imperial” y alegó, sin demostrarlo, que “funcionarios del gobierno de Estados Unidos” estaban “encargados de la atención y avituallamiento de su base operacional en Cuba”.

Para el MSI, sin embargo, “lo que está pasando ahora es una muestra de que este pueblo se cansó”.

El activismo de Luis Manuel Otero, nacido en unos de los barrios más pobres de La Habana, se acentuó después de la aprobación en 2018 del polémico Decreto 349, uno de los primeros firmados por Díaz-Canel, que impuso fuertes restricciones a la creación artística en la isla y que motivó incluso la crítica moderada de Silvio Rodríguez, cantautor identificado desde hace décadas con el oficialismo.

Así, el MSI –cuya sede está en el histórico barrio de San Isidro en La Habana Vieja, donde reside Otero– se convirtió en el epicentro de este activismo que sacó el arte a las calles para denunciar que en Cuba “el Estado puede hacer lo que quiera con las personas”, según palabras de Claudia Genlui. De ese tiempo data la pintura de Otero, “El garrote vil”, una de sus creaciones más conocidas y provocadoras en contra del abuso policial, confiscada también por el gobierno.

El MSI, cuyos miembros se niegan a abandonar la isla a diferencia de otros disidentes que optaron por la diáspora, ha logrado amplificar su impacto gracias al desarrollo de internet en la isla en los últimos años, que ha dejado al gobierno sin el monopolio de la narrativa cotidiana. De hecho, la censura de 72 horas de internet durante las protestas del 11-J fue uno de los objetivos de la represión, al servir las redes de vehículo de organización y movilización, como ha venido ocurriendo en distintas partes del mundo desde la Primavera árabe de 2010-2012, cuando multitudinarias manifestaciones que clamaban por democracia y derechos sociales sacudieron una decena de países árabes. LLama la atenció que las consignas son casi idénticas una década después, cuando los árabes reclamaron por el precio de los alimentos, la falta de trabajo, la represión, petición de libertades y derechos democráticos o cambio de régimen, según el país.

Tercer ola de covid

Las protestas tienen lugar en medio de la tercera ola de Covid-19 en Cuba, con una alta tasa de pacientes. Al 12 de agosto, el gobierno contabilizaba 491 904 personas confirmadas de coronavirus y 3 757 fallecidos. En 2020, el gobierno de la isla enfrentó relativamente bien la pandemia con pruebas de PCR, seguimiento de las cadenas de información, atención médica en las policlínicas y la obligación de usar cubre bocas en espacios públicos.

Díaz-Canel respondió a la movilización de miles de personas el domingo 11 de julio llamando a sus seguidores a salir a las calles. “La orden de combate está dada: a la calle los revolucionarios”, exhortó Díaz-Canel en un inusual mensaje que se trasmitió en cadena nacional por la radio y la televisión de la isla.

“Estamos convocando a todos los revolucionarios del país, a todos los comunistas, a que salgan a las calles y vayan a los lugares donde vayan a ocurrir estas provocaciones”, dijo el mandatario. Poco después, videos y fotografías en las redes sociales mostraron imágenes de la represión policial y los grupos de choque oficialistas en contra de los manifestantes de todas las edades.

En su blog “Segunda cita”, el cantautor Silvio Rodríguez, icono en los 70 de la Nueva Trova cubana, dijo “no haber visto” las imágenes de los videos mostrando la represión policial, por lo que fue duramente criticado por el MSI. A pesar de que el gobierno bloqueó ese día y los subsiguientes el acceso a las redes sociales como Facebook, WhatsApp, Telegram e Instagram, más de un millón de usuarios lograron evadir las restricciones para compartir lo que ocurría, lo que demostró que el gobierno usó la violencia en las protestas.

El 22 de julio, Rodríguez pareció rectificar y pidió una amnistía para los presos “que no fueron violentos” durante las masivas protestas.

En la vereda opuesta y luego de años de distanciamiento con Silvio Rodríguez, el también fundador de la Nueva Trova, Pablo Milanés, autor de clásicos como “Yolanda” y “El breve espacio en que no estás”, criticó la represión y el hambre a los que está sometido el pueblo cubano por el “fracaso” del gobierno local, y se mostró confiado en que los jóvenes serán el “motor” de cambio en su país.

“Es irresponsable y absurdo culpar y reprimir a un pueblo que se ha sacrificado y lo ha dado todo durante décadas para sostener un régimen que al final lo que hace es encarcelarlo”, se lamentó el trovador de 78 años, quien reside en España,  en su cuenta de Facebook. Sin nombrar directamente las manifestaciones en la isla, el compositor subrayó que desde hace mucho tiempo ha venido expresando “las injusticias y errores en la política y gobierno” de Cuba.

“En el año 1992 tuve la convicción de que definitivamente el sistema cubano había fracasado y lo denuncié”, recordó el creador de medio centenar de álbumes y más de 400 canciones en más de seis décadas.

Voces del MSI también fustigaron la posición asumida por otro peso pesado de la cultura cubana, el novelista Leonardo Padura, Premio Nacional de Literatura y Premio Princesa de Asturias, que el 15 de julio en un artículo de prensa titulado “Un alarido” (https://www.nodal.am/2021/07/cuba-un-alarido-por-leonardo-padura), terminó apoyando las protestas, pero antes las criminalizó. El texto comienza diciendo que “parece muy posible que todo lo ocurrido en Cuba a partir del pasado domingo 11 de julio lo hayan alentado un número mayor o menor de personas opuestas al sistema, pagadas incluso algunas de ellas, con intenciones de desestabilizar el país y provocar una situación de caos e inseguridad. También es cierto que luego, como suele suceder en estos eventos, ocurrieron oportunistas y lamentables actos de vandalismo. Pero pienso que ni una ni otra evidencia le quitan un ápice de razón al alarido que hemos escuchado”.

Coincidimos con el periodista cubano disidente Abraham Jiménez Enoa, para quien tanto Silvio Rodríguez como Leonardo Padura “defienden su estatus quo”, a pesar de las evidencias de la represión y persecución de quienes salieron a las calles el 11-J.

En una extensa entrevista con el programa “Esta Noche” y el diario Confidencial (https://www.confidencial.com.ni/mundo/el-regimen-cubano-no-ha-hecho-nada-por-escuchar-el-alarido-de-la-ciudadania), del exiliado periodista nicaragüense Carlos Fernando Chamorro, Jiménez Enoa habló de al menos 500 personas detenidas y denunció la militarización de las calles de La Habana y otras ciudades a raíz de las protestas.

Jiménez Enoa, fundador de la revista El Estornudo, columnista de The Washington Post y cronista de Gatopardo, relató lo difícil que ha sido para la sociedad cubana ver los niveles de represión que han alcanzado a periodistas, opositores, ciudadanos, niños y ancianos. “Ahora mismo hay una tensión y unos nervios que se pueden palpar en la ciudadanía”, comentó Jiménez. Añadió que las listas de personas encarceladas y desaparecidas se siguen elaborando y “no se sabe a ciencia cierta la cifra” exacta.

Adelantó que “hay mucha indignación y mucho nerviosismo, porque además hay una especie de cacería”, porque “el régimen está identificando a las personas que no ha podido apresar y las está yendo a buscar a sus casas”.

Contrario a las afirmaciones de Padura –uno de nuestros escritores favoritos, pero cuyos personajes literarios también han terminado de amoldarse tristemente a un estatus quo, incluso en el exilio–, Jiménez Enoa aseguró que “las protestas fueron totalmente espontáneas. Es lo que habla del hartazgo y la indignación que siente la ciudadanía cubana, el pueblo hacia el régimen. No hubo movimiento líder, no hubo una organización política que llevó a cabo las protestas. Estas 500 y tantas personas de esa lista van a seguir aumentando y han sido apresadas porque son las que detuvieron en las protestas, pero no porque hayan sido líderes”.

Ante la pregunta de si la crisis económica, la escasez, los apagones y la falta de medicinas –todo ello agudizado por el endurecimiento del bloqueo económico de EU contra la isla y el impacto de la pandemia de Covid-19– fueron los detonantes de las protestas, Jiménez Enoa aceptó “hay un punto neurálgico en esta crisis: por un lado, la situación extrema de los cubanos desde hace meses, y por otro lado ese montón de familiares y amigos que acuden a las unidades policiales a reclamar a sus detenidos. Hay una inconformidad que sigue latente, así que de alguna manera la gente sigue en la calle. Sí que la crisis, a partir de las protestas, no ha terminado y que el desenlace aún no lo sabemos, pero puede ser tranquilamente una nueva ebullición”.

Añadió que “creo que el 11 de julio es un parteaguas, porque es el reconocimiento y la certeza de que en Cuba hay una molestia general y hay una inconformidad con el estado de las cosas y eso es lo que lo evidencia. Y cada vez más, esas ganas de cambiar, esas ansias de cambiar el estatus quo del país se va apoderando de toda la isla y lo que antes eran disidentes domiciliarios se han convertido, cada vez más, en gente que lo expresa en público. Creo que eso es sumamente importante en este país porque eso era impensado. El régimen mostró al mundo lo que es capaz de hacer”.

*Periodista, escritora y traductora, editora de Diarios de Covid-19 (diariosdecovid@gmail.com).

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de http://www.diariosdecovid19.com.mx

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