El último viaje de Julia

Aracely Martínez/ Fotoperiodista/ Ciudad de México/ IG: celyrafoto

Su nombre era Julia Jiménez. Doña Julia, le decían. Era una mujer fuerte, leal y valiente; como toda madre, protectora de sus hijos y nietos.
Murió en mal momento, los ritos fúnebres que se acostumbran en estos casos fueron imposibles de realizar ante un virus que no da tregua, el coronavirus.
Fueron pocos los asistentes, los necesarios para dar el último adiós a tan valerosa mujer.

La historia fue corta: entró a la clínica 47 para que le operaran la vesícula y la cirugía fue todo un éxito. La dieron de alta, pero estuvo solo unas horas en su casa.
De pronto, se sintió mal y camino al hospital dio un último suspiro. Un paro cardiaco terminó con su vida.
Ahora, por última vez, recorre dentro de un ataúd los lugares que frecuentó en vida. Va acompañada por sus nietos que cargan el féretro, familiares, amigos y una mujer que canta “Amor eterno”. Cruza un camellón para llegar a su casa. Ahí, se detiene unos minutos a manera de despedida y pronto es incorporada a la carroza que la llevará a su última morada.
Ahora queda el recuerdo de una mujer valiente y fiel que luchó al lado de mi madre, doña Leo, para gestionar la regularización y todos los servicios con los que cuenta la colonia “El Rodeo”.
La muerte sigue suelta
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